Redes sociales y salud mental

Están destinadas a ser vínculo de comunicación y de unión, sin embargo las consecuencias psicológicas de las relaciones virtuales empiezan a ser preocupantes en particular en la población joven.

Salud 21/08/2022 . Hora: 19:51

En los últimos días todos nos enteramos que el actor Tom Holland famoso por protagonizar a Spiderman, el hombre araña, anunciaba que dejaba por un tiempo las redes sociales para proteger su propia salud mental y así también enviar un mensaje concientizando sobre estos mismos peligros para los niños y jóvenes. En medios y en redes sociales hubo quienes banalizaron el hecho, diciendo que era solo una intrascendente noticia del mundo del espectáculo, limitándose al personaje público y no a su mensaje, y así la titularon: "El hombre araña deja las redes". Sin embargo, la noticia está muy lejos de ser una menor o del espectáculo. Al mismo, tiempo esa misma respuesta daba razón a la acción de Holland y tantos otros, que ven en las redes un vehículo de catarsis de los aspectos más negativos, a los cuales deciden no exponerse. Desde hace ya varios años diversas figuras del espectáculo han expresado su preocupación e interés por la salud mental en situación preocupante a nivel mundial, con infinidad de estudios y estadísticas que sostienen (si ello fuera necesario) el incremento de diversas patologías, aún más desde el inicio de la pandemia. Esa inquietud se ha formalizado en campañas o fundando organizaciones de ayuda a la promoción de la salud mental así como a la difusión para contrarrestar el estigma de las diferentes formas que se expresa el malestar psíquico

Uno de ellos es Holland, quien a través de su propia organización "The Brothers Trust" apoya la iniciativa "Stem4", una asociación con sede en el Reino Unido, enfocada en temas de salud mental en especial en la adolescencia. En un video, el actor de 26 años explicó que las aplicaciones de redes sociales se volvieron perjudiciales para su mente y que "cae en un espiral" cuando lee allí cosas acerca de él. Holland, quien refiere haber padecido de dislexia, dijo sentirse particularmente abrumado, "sobre estimulado" y "superado" por las redes sociales, tanto por su uso, como por la intromisión en su persona, en la que destaca a Instagram (en la cual tiene casi 70 millones de seguidores) y Twitter. 

En consecuencia, tomó una decisión cada vez más aconsejada y practicada por diversas personalidades del deporte o el espectáculo, por ejemplo, y es desinstalar las aplicaciones, de al menos las aplicaciones móviles y abandonar esa vida privada en el Big Brother de las redes, donde todos observan y quieren ser observados.

El tema es que cada vez se ven más niños, adolescentes, jóvenes pero también adultos, se están viendo afectados de múltiples maneras por la actividad propia y de otros en las redes, en las cuales cada una de ellas tiene alguna particularidad que la hace más proclive a ciertas respuestas perjudiciales.

Lamentablemente, estas respuestas están lejos de ser un efecto secundario, adverso o no deseado, sino que así fueron ideadas desde sus inicios las redes, tema que no forma parte de trasnochadas teorías conspirativas, sino que ha sido vastamente explicado por varios de quienes idearon los sistemas de ingeniería social y del comportamiento en los primeros inicios de las redes y sus pruebas en cuanto a la respuesta de la población. Uno de quienes estuvieron en las génesis de estos modelos y luego comenzaron a alertar sobre sus peligros es Jaron Lanier autor del muy recomendable libro "Diez razones para borrar tus cuentas en redes sociales". Allí, por ejemplo, plantea una obviedad de los negocios: las redes se ofrecen gratuitamente porque en realidad el producto es uno mismo, es decir, cuando no se ve el precio es porque el mismo es quien lo consume. Ese "precio/pago" se efectiviza de diversas maneras que convergen todas en la tremenda dependencia que ocasiona las redes y los réditos que se puede obtener de ello.

Las bases teóricas sobre las cuales se fundamenta el funcionamiento de las redes se pueden encontrar en diversas experiencias clásicas conductistas y comportamentales. Así un ejemplo son los "likes" y la necesidad de búsqueda de mayor refuerzo de la recompensa adquirida, generando un real estado de dependencia tanto psicológica como química en el organismo. No es casual que se hayan popularizado en esos países las desintoxicaciones dopaminérgicas, que consisten en periodos de abstinencia de uso de redes, es decir de dejar de recibir el refuerzo comportamental, con esquemas que replican los tratamientos en diversos tipos de adiciones, en particular las comportamentales, siendo la adicción a las redes una forma especial y mucho más intensa de la que conocíamos como adicción a internet.

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Diversos estudios han alertado sobre los aspectos más preocupantes. En principio genera comportamientos claramente adictivos. Un estudio inglés reciente de la Universidad de Nottingham, llega a hablar de "Trastorno por adicción a Facebook" (la fascinación de la nosología DSM), compuesto por negligencia respecto a los aspectos cotidianos de la vida, y presentación, rumiación y preocupación excesiva (en relación a los contenidos de la red), fluctuaciones de ánimo, y en particular el incremento del tiempo en redes sociales, en detrimento de las actividades propias, siendo esto una característica común a los comportamientos adictivos y a los obsesivos en general. Algo que vemos es el aislamiento social, que podría parecer paradojal ya que el fin supuesto es la comunicación pero una incapacidad para las habilidades comunicacionales y sociales concretas, u ORW (en el mundo real).

Otro estudio encontró una fuerte sensación (y realidad) de aislamiento social y allí la paradoja. El estudio tomó usuarios de Facebook, Twitter, Google+, YouTube, LinkedIn, Instagram, Pinterest, Tumblr, Vine, Snapchat y Reddit, cada uno representando subgrupos poblacionales y sociales diferentes. Sin sorpresas, el estudio mostro que a mayor tiempo en redes, peor desempeño social y mayor sensación de aislamiento. 

Otro elemento presente en todos los estudios es la aparición de tristeza y en algunos casos francos cuadros depresivos, la sensación de malestar difusa, de insatisfacción inevitable en la medida que nada puede asemejarse a esa virtualidad sin límites. La inmediatez a su vez, genera sentimientos de frustración en particular intolerancia a la misma, sin la posibilidad de establecer los indispensables mecanismos del placer postergado, necesarios para cualquier proceso de aprendizaje, entrenamiento etc. 

Las redes sociales, a su vez, impulsan a algo que se sabe desde la antigüedad y es una de las llaves de la infelicidad que es el compararse con los demás, en particular con la imagen que otros en nuestra misma situación intentan dar, de imágenes de un 'self' falso, ilusorio, pero que otros pueden imaginar que "todos están bien y yo no". Interesantemente, las compactaciones sean positivas o negativas generaban malestar que termina generando un círculo vicioso con una salida siempre negativa para la propia percepción.

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Asociada a esta sensación de menoscabo, los sentimientos negativos, como celos, envidia, recriminaciones, dan paso muy frecuentemente a la agresión, tan presente y de tan fácil expresión en redes, que invita a manifestarla abiertamente en la fantasía de que así se podrá incidir negativamente frente a los demás, es decir la persona o personaje que genera esa envida. Tiro lodo desde el lodo a los demás, pero creo no estar manchado.

En este contexto es notable también, la evolución de imágenes de la misma persona, con los famosos filtros o Photoshop, hasta llegar inclusive al uso de imágenes en collage de personalidades famosas (la cara de una modelo famosa en el propio, quizás, cuerpo), en las que cada vez se va alejando más de un su propio ser concreto, y una imagen de sí mismo cada vez más menoscabada y por ende incapaz de relacionarse también, así fuera, virtualmente, con seres reales.

Al mismo tiempo, esa fluctuación emocional genera "amigos y enemigos", apoyada en una falsa percepción de sí mismo y de los demás. Entre las múltiples distorsiones cognitivas está la de la falsa interpretación y las consecuentes estrategias contraproducentes. Por ejemplo, imaginar diversos escenarios, que inevitablemente son mentales y que van alejando cada vez más del saludable contralor de la realidad.

Quizás sin darnos cuenta hemos terminado siendo reales cobayos de experimentación de una formidable estrategia que engloba a todas las vías de contacto e información con el mundo. Hace unos años eran la publicidad y los medios los que centralizaban todos las estrategias de propaganda diseñados, a partir de los trabajos de Edward Bernays. En la actualidad, la posibilidad de experimentar sobre grandes masas poblacionales respecto a sus respuestas emocionales y comportamentales mediante las redes sociales abren un panorama de posibilidades únicas de control de pensamiento.

Es claro que quienes controlen las ideas, las percepciones, contarán con un poder de dimensiones inimaginables, también lo son y serán aún más las consecuencias sobre nuestra salud mental.

El dilema puede ser poder decidir si las redes sociales serán anónimas y únicamente virtuales o si éstas se integrarán como real vehículo de comunicación en una época de crisis de la misma. Si esas redes sostienen o atrapan, será la cuestión a dilucidar.
 
(Enrique De Rosa Alabaster / La Prensa)

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