PESO ARGENTO

Ramón, el indio hereje. La conquista de Iorio y Flavio con una musiquita que crece desde el pie

Cultura 27/10/2024 Hora: 13:32
Foto: ELOY ALONSO / REUTERS
Foto: ELOY ALONSO / REUTERS

Ricardo Iorio y Flavio Cianciarulo publican en el año 1997 un álbum de estudio editado por el sello discográfico Resiste!, llamado Peso Argento. Una obra que artísticamente podría considerarse un enroque genérico en la que ambos músicos abrazan el folklore como movimiento defensivo, donde el rey y la torre cambian su posición natural, vistiendo de acordes y ritmos una narrativa conceptual certera. 

Planteando una analogía entre Peso Argento y el peso Argentino es abrumador ver como uno se valoriza cada vez más con el paso del tiempo mientras el otro batalla pírricamente con las políticas de turno. Lo cierto es que precio y valor se agrietan cada vez más.

Una joya del disco (el track número 6) titulado "Ramón, el indio hereje" fue conquistando desde el pie con bases sólidas, desde el pueblo va creciendo el reconocimiento a esta obra, con repoducciones, videos caseros, covers de bandas de distintas latitudes de nuestra américa profunda. Ramón, el indio hereje se posiciona en tercer lugar, detrás de "Allá en Tilcara" y "Cacique Yatel" superando el millón de reproducciones en Spotify, mientras que en youtube arrasa con decenas de millones de repoducciones.

Iorio y Flavio le cantan y escriben al Indio Ramón, acompañados por el inigualable Claudio Tano Marciello en guitarra, junto a la sutil aparición de Vicentico en acordeón, Fernando Ricciardi (otro ex Cadillacs) en bombo legüero y Álvaro Villagra en piano. La letra compuesta por Flavio, podría tener su anclaje conceptual en Bartolomé de Las Casas, conocido como el "apóstol de los indios", mundialmente conocido por su obra publicada en 1552 como la: "Brevísima relación de la destrucción de las Indias". O bien el propio Eduardo Galeano, quien desde las "Venas abiertas de América Latina" o las "Memorias del fuego", entre otros, supo ahondar y expresar con pinceladas de un talento exquisito, estas temáticas.

La canción, una crónica, mil historias

El tiempo y espacio nos ubican en un amanecer en un campo “Brilla la helada sobre el maizal”. Aparece el primer personaje: el Divino gran inquisidor; que está juzgando al protagonista de la historia “el indio temeroso por la sentencia del Santo Tribunal”. Y aquí aparece el conflicto: “encontraron sepultada/una estatua de la virgen María/La encontraron cabeza abajo,/cubierta de hierbas secas, cerca del maizal” El Inquisidor considera esto una herejía, un atropello a la Santa Religión.

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Aparece otro personaje que intenta explicar lo sucedido “Esa virgen se la obsequié/a mi fiel indio Ramón” y luego sabemos qué piensa acerca del protagonista. “Ramón es buen cristiano y trabajador,/sangran sus manos siempre en la siembra./No puedo creer aún lo que pasó”. El monje pedirá clemencia pero la mirada colonial del Inquisidor no lo dejará ver lo que pasó. Ramón será castigado con la hoguera. “¡No habrá piedad!” exclama con furia el Juez, a la hoguera. El fuego como purificador de pecados terminará con esta herejía. El mismo fuego que en la Edad Media y en otros momentos de la historia, perseguía a los científicos por herejes y a las mujeres por brujas. El mismo fuego que quemó libros durante el nazismo. Nos recuerda también la novela del gran Umberto Eco, “El nombre de la Rosa”: todo lo que huela a libertad el fuego lo extinguirá.

El atardecer, el silencio sepulcral, el fuego que consume a Ramón, y el monje llora porque el monje entiende que Ramón ha mezclado sus creencias ancestrales con las importadas del Catolicismo: la virgen como diosa bendice la tierra, lo hizo para “pedir por la siembra cosecha buena. Las hierbas secas eran para protegerla”. El sincretismo de las religiones, hombres y mujeres que debieron adorar nuevos dioses que no entendían. Sus dioses, manifestaciones de la naturaleza ahora toman nuevos nombres y los ritos antiguos se mezclan con los nuevos. En México, las vírgenes toman características aztecas, el dios sol se mantiene presente al dios de los cristianos. Los santos oficiales y los populares. Todos unidos en diferentes pueblos y personas. A Ramón lo mata el fuego pero también aquel que sigue imponiendo su fe con la autoridad de ser única, verdadera e indiscutible. El afán colonialista de no solo conquistar las tierras sino también dominar las creencias y los pensamientos.

 

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Por SudOeste B.A. con información de revistakm0.com 

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