TECNOLOGÍA

El celular es, evolutivamente hablando, un parásito que vive en nuestro bolsillo

La biología evolutiva revela una inquietante verdad: los smartphones cumplen todos los criterios científicos para ser considerados parásitos de los seres humanos.

Sociedad 21/07/2025 Hora: 19:05
Los investigadores australianos Brown y Brooks revelaron que nuestra relación con los smartphones evolucionó de mutualista a parasitaria. / Bernd Feil/M.i.S./IMAGO
Los investigadores australianos Brown y Brooks revelaron que nuestra relación con los smartphones evolucionó de mutualista a parasitaria. / Bernd Feil/M.i.S./IMAGO

Investigadores de la Universidad Nacional Australiana proponen una controvertida tesis: el smartphone, ese objeto omnipresente en nuestras vidas, cumple con todos los criterios para ser considerado un parásito en sentido evolutivo. Aunque nos ofrece ventajas, su diseño y las aplicaciones buscan constantemente nuestra atención, generando un costo significativo en nuestro bienestar y redefiniendo la relación con la tecnología en la era digital.

A lo largo de la historia evolutiva, la humanidad ha convivido con una variedad de parásitos biológicos. Sin embargo, un análisis reciente publicado en el Australasian Journal of Philosophy por los investigadores Rachael Brown y Rob Brooks de la Universidad Nacional Australiana, sugiere que el mayor "parásito" de la era moderna no tiene patas ni antenas, sino una pantalla táctil y conexión Wi-Fi: nuestro propio teléfono inteligente.

Los expertos sostienen que la relación entre los humanos y sus smartphones ha evolucionado de un mutualismo inicial a un parasitismo. En biología, un parásito es una especie que se beneficia de una relación estrecha con otra (el huésped), mientras que el huésped sufre un costo. "A pesar de sus ventajas, muchos de nosotros somos rehenes de nuestros teléfonos, incapaces de desconectar del todo", explicó la profesora Brown en un comunicado, señalando que los usuarios pagan el precio con falta de sueño, relaciones sociales más débiles y diversos trastornos del estado de ánimo.

 

Del mutualismo al parasitismo digital

Inicialmente, la relación con los smartphones era claramente mutualista: ofrecían comunicación instantánea, navegación y acceso a información útil, beneficiando a ambas partes. Sin embargo, a medida que los dispositivos se volvieron indispensables, "algunas de sus aplicaciones más populares han comenzado a servir más fielmente a los intereses de las empresas que las crean y sus anunciantes que a nosotros, sus usuarios", afirman Brown y Brooks en un artículo para The Conversation.

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Los investigadores denuncian que estas aplicaciones están diseñadas específicamente para mantener a los usuarios enganchados, impulsándolos a hacer clic en publicidad o incluso a generar indignación, priorizando los objetivos de las empresas por encima de los deseos y el bienestar de los usuarios.

 

¿Cómo recuperar el equilibrio? Lecciones de la naturaleza

Para comprender cómo restablecer el equilibrio, los investigadores miran a la naturaleza. Citan el ejemplo de los peces limpiadores de la Gran Barrera de Coral, cuya relación con peces más grandes es un mutualismo donde ambos se benefician. Sin embargo, si el pez limpiador abusa de la relación, el pez huésped responde con un "castigo" o retirando su "servicio".

Los peces limpiadores de la Gran Barrera de Coral inspiraron un modelo para restablecer el equilibrio en nuestra relación con la tecnología. En la foto, un pez limpiador de pico azul busca parásitos en la boca de un pez payaso. / Ryan Rossotto/robertharding/IMAGO

Esta capacidad de detectar el abuso y responder es fundamental para mantener relaciones saludables. Sin embargo, en el contexto digital, la situación se complejiza: las tácticas de explotación están ocultas, los algoritmos son opacos y la utilidad inherente de los smartphones hace que "simplemente dejar de usarlo" no sea una opción realista para la mayoría. La dependencia se ha profundizado al punto de descargar en los teléfonos responsabilidades cognitivas como recordar información, capturar momentos o incluso ubicar un automóvil.

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Además, gobiernos y empresas han contribuido a esta dependencia al trasladar servicios esenciales a plataformas móviles.

 

Estrategias colectivas, la única salida

Ante la abrumadora superioridad de poder e información que manejan las grandes empresas tecnológicas, los investigadores australianos sostienen que las decisiones individuales son insuficientes. "Necesitamos estrategias colectivas", enfatizan.

Medidas como la prohibición de redes sociales para menores –propuesta ya por algunos gobiernos como el australiano– o restricciones legales sobre el diseño adictivo de aplicaciones y la recopilación masiva de datos podrían ser un primer paso para recuperar un equilibrio.

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"La evolución demuestra que hay dos factores clave: la capacidad de detectar la explotación cuando se produce y la capacidad de responder", concluyen Brown y Brooks. Sin estas intervenciones colectivas que limiten el alcance de estos "parásitos digitales", los expertos advierten que los usuarios seguirán siendo huéspedes vulnerables de dispositivos que parasitan su tiempo, atención e información personal en beneficio ajeno. Si se busca que los teléfonos vuelvan a ser herramientas útiles y no controladores de la conducta, la clave podría estar en aprender de la vigilancia natural de los ecosistemas. 

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Con información de DW

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