Día del Panadero en Argentina: Los "bollos" con manos de anarquistas de día y panaderos de noche
El 4 de agosto fue reconocido oficialmente por el Congreso Nacional argentino en 1957. Pero la historia se remonta a los orígenes anarquistas de la agremiación entre los trabajadores.
Cada 4 de agosto se celebra el Día Nacional del Obrero Panadero, en conmemoración a la fecha en la que se fundó en Buenos Aires la Sociedad Cosmopolita de Resistencia y Colocación de Obreros Panaderos, el primer sindicato de esa profesión del país.
Dicha institución nació por iniciativa del italiano Ettore Mattei, quien se destacó como uno de los organizadores del movimiento obrero y el movimiento anarquista en Argentina. Fue la primera sociedad de resistencia y solidaridad de clase de la nación basada en los principios de la acción directa y la huelga revolucionaria.
Errico Malatesta, otro famoso anarquista italiano que residió en el país entre 1885 y 1889, redactó sus estatutos. En éstos, se resaltó la importancia que tiene la organización federal tanto lugareña como regional y territorial; y se señaló la tendencia a llegar a una Federación Regional Argentina de Trabajadores, así como también a la solidaridad internacional.

Panaderos bonaerenses en la huelga de 1902
Cabe destacar que los miembros de esta sociedad anarquista fueron quienes renombraron a las masas de repostería y facturas horneadas, que son popularmente conocidas en la actualidad con nombres que hacen alusión o burla a temáticas religiosas y militares. Entre las denominaciones: sacramentos, bolas de fraile (o suspiros de monja), cañones, bombas y vigilantes.
El 4 de agosto fue reconocido oficialmente como Día Nacional del Panadero por el Congreso Nacional argentino en 1957. Desde entonces, la conmemoración de esta fecha es un clásico en la sociedad. Esos estatutos sirvieron de modelo para muchos otros creados en esa década por militantes de ideología similar, como los zapateros, zingueros y obreros mecánicos.

Bolas de Fraile o Suspiro de Monja
Ettore Mattei: anarquista de día, panadero de noche
El sector panadero fue uno de los más activos, resistentes e importantes de la época. En 1887 se fundó la Sociedad Cosmopolita de Resistencia y Colocación de Obreros Panaderos, que logró movilizar no solo a panaderos sino a la clase obrera en general. Dos influyentes anarquistas italianos que habían emigrado a Argentina fueron los precursores: Errico Malatesta, quien redactó los estatutos, y Ettore Mattei, su secretario y posterior redactor jefe de El Obrero Panadero, que se publicó entre 1894 y 1930. La actividad de la Sociedad se basaba en la huelga revolucionaria y en la acción directa para reclamar la mejora de las condiciones laborales de los obreros.
Fragmento de la revista "El Obrero Panadero"
El 29 de enero de 1888, frente a la subida del precio de los alquileres y la comida y la insuficiencia de los salarios, los panaderos enviaron una nota a los patrones donde reclamaban “a todos los dueños de las panaderías situadas en el municipio de Buenos Aires y en el de Barracas al Sud, un aumento de 30% sobre los sueldos actuales (60 céntimos. por lo menos) y un kilo de pan por día, para poder comer donde les gusta; y también el pago del sueldo cada semana”. En ausencia de una respuesta por parte de los patrones, entre el 30 y el 31 de enero, los panaderos iniciaron una huelga que duró un total de diez días. A pesar de la resistencia inicial por parte de los propietarios, acabaron cediendo ante los reclamos de los trabajadores.
Cañoncito, suspiros de monja, libritos: los nombres anarquistas de las facturas argentinas
Además de haber cumplido un rol fundamental en la lucha proletaria, los panaderos anarquistas de aquel entonces dejaron una marca que vive hasta hoy: los nombres de las facturas. Bautizaron a los diferentes tipos de facturas que elaboraban con nombres que hacían referencia, en tono de burla y reivindicación, a la iglesia, la policía, la educación y el ejército.

Cañoncitos
Algunos ejemplos de ello son: cañoncito, una masa en forma de tubo rellena con dulce de leche o crema pastelera; bola de fraile o suspiros de monja, un bollo de masa frito que puede estar relleno de dulce de leche o crema pastelera, similar a una berlinesa; vigilante, una masa alargada que puede tener dulce de membrillo y crema pastelera por encima; libritos, una masa doblada, salada y hojaldrada con forma de libro; y sacramentos, similares a las famosas medialunas y cubiertos de azúcar blanco.

(Sudoeste B.A. con información de RTVE / Entrelíneas)




