Hallan microplásticos en casi la totalidad de los bagres de Bahía San Blas y el estuario del río Negro
Un estudio de investigadores del Conicet, la Universidad Nacional del Sur, la Universidad de Río Negro y la Universidad de Córdoba reveló que el 93% de los bagres blancos analizados en Bahía San Blas y el estuario del río Negro contenían microplásticos en sus estómagos. La investigación alerta sobre las posibles implicancias para la salud humana y la urgencia de políticas ambientales.
Un equipo de investigación de varias universidades y del Conicet ha detectado una alta concentración de microplásticos en una especie de pez de importancia ecológica y pesquera: el bagre blanco (Genidens barbus). El estudio, realizado en la Bahía San Blas y en el estuario del río Negro, arrojó que el 93% de los peces analizados contenían microplásticos en sus estómagos, con un promedio de entre 19 y 20 partículas por pez.
La investigación fue impulsada por la Dra. Melisa Fernández Severini, del Instituto Argentino de Oceanografía (IADO), junto a sus colegas Natalia S. Buzzi y Maialen G. Ardusso, con la colaboración de expertos de la Universidad Nacional de Río Negro (UNRN) y la Universidad Nacional de Córdoba (UNC).
Un hallazgo con implicancias ambientales y de salud
El estudio revela un vacío de información en Argentina, donde existían pocos datos sobre la ingestión de microplásticos por peces silvestres. Los investigadores eligieron al bagre blanco debido a que es una especie bentófaga, es decir, que habita en el fondo de los cursos de agua, interactuando directamente con los sedimentos, que son uno de los principales reservorios de plásticos. Esto lo convierte en un excelente bioindicador de la contaminación.
Los microplásticos hallados, que pueden ser fibras de ropa, fragmentos de envases o líneas de pesca, provienen de diversas fuentes, incluyendo el uso recreativo de las zonas costeras, el transporte aéreo o por el viento, y, en gran medida, de efluentes domésticos sin tratamiento adecuado.

La Dra. Fernández Severini advirtió que la presencia de estas partículas puede tener efectos negativos en los peces, como obstrucciones gastrointestinales, lesiones en los tejidos y alteraciones metabólicas. Y aunque el bagre no es una de las especies más consumidas, sí lo es por pescadores y comunidades locales, por lo que podría haber un traspaso de microplásticos a los seres humanos.
Un llamado a la acción
El estudio no solo aporta evidencia científica novedosa, sino que también es un punto de partida para el desarrollo de políticas ambientales. Los resultados obtenidos resaltan la urgencia de mejorar la gestión de residuos, fortalecer las plantas de tratamiento de efluentes y crear estrategias de monitoreo y conservación de las especies acuáticas.
Para los investigadores, la única solución real y a largo plazo para esta problemática es una reducción drástica en el consumo de plásticos y la búsqueda de alternativas más amigables con el ambiente. La investigación busca generar conciencia sobre los efectos de esta contaminación y avanzar en la comprensión de sus consecuencias para el ecosistema y la salud humana.
Con información de La Nueva




