Redescubrir la Provincia desde sus Municipios
Por Luis Gotte
La propuesta sobre trasladar la capital política de los bonaerenses no es un mero debate geográfico: es, en esencia, preguntarnos qué provincia queremos para las próximas décadas. ¿Una Buenos Ayres sometida al pulso electoral del AMBA, dependiente de su centralismo y sus urgencias coyunturales, o una Buenos Ayres integrada, donde los pequeños municipios recuperen su condición de motores de la vida productiva, la innovación y el arraigo poblacional?
La historia nos ofrece ejemplos concretos. Entre 1936 y 1940, bajo el gobierno de Manuel Fresco -hoy olvidado-, la provincia impulsó un ambicioso plan de obras públicas a través de la Ley 4017 de Bonos de Obras Públicas. Fue en ese marco donde apareció la figura extraordinaria del ingeniero y arquitecto Francesco Salamone (1897-1959). Llegado desde Córdoba, Salamone encontró en el interior bonaerense un terreno fértil para desplegar su genio y modernizar con una audacia sin precedentes la arquitectura municipal.

Imagen Instagram @salamone_planet
El sistema fue claro: los municipios, que carecían de equipos técnicos, podían contratar profesionales y empresas para ejecutar sus obras mediante licitación. Salamone no solo ganó muchas de esas licitaciones, sino que organizó una estructura técnico-administrativa capaz de proyectar y ejecutar de manera sistemática. El resultado fue que, en apenas unos años, construyó más de 60 grandes edificios -municipales, plazas, cementerios, mataderos- y decenas de obras menores en pueblos del interior. Su arquitectura monumental y futurista no fue un mero capricho estético: fue la expresión material de un Estado provincial que pensaba en grande, que invertía en sus municipios, que apostaba a que el interior no quedara condenado al atraso ni a la dependencia de la capital.
Ese legado nos señala el camino. Hoy, casi un siglo después, la provincia necesita volver a pensar desde sus municipios. Potenciar a Junín como capital no solo descentralizaría el poder político, sino que habilitaría la posibilidad de diseñar un nuevo esquema de producción e innovación municipal: un sistema en el que cada ciudad y cada pueblo recupere protagonismo, con infraestructura, servicios, educación técnica y capacidad de desarrollo local.
La capital en Junín permitiría tejer un entramado logístico-ferroviario que integre al interior bonaerense con el Norte Grande y con la Patagonia, sin tener que pasar necesariamente por el AMBA. Se trataría de generar corredores productivos que vinculen la Pampa Húmeda con el Paraná, con Rosario, con Córdoba, Mendoza (y el Pacífico) y al mismo tiempo proyectar hacia el sur bonaerense la integración energética y productiva con los recursos patagónicos. De esta manera, la provincia dejaría de ser rehén de la urbanópolis conurbana para convertirse en un verdadero corazón logístico, productivo e innovador del país.
No es un sueño imposible. La experiencia de Salamone demuestra que cuando el Estado provincial decide apostar a los municipios, la transformación es inmediata. Sus obras aún hoy se yerguen como recordatorio de lo que significa pensar una provincia desde adentro hacia afuera, y no desde el puerto hacia el interior. Lo urgente, ahora, es recuperar esa energía inicial y volver a poner a los pueblos en el centro del proyecto bonaerense.
Luis Gotte
Mar del Plata
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Coautor de Buenos Ayres Humana I: la hora de tu comunidad (Ed. Fabro, 2022); Buenos Ayres Humana II: la hora de tus intendentes (Ed. Fabro, 2024); y en preparación: Buenos Ayres Humana III: La Revolución Bonaerense del Siglo XXI, las Cartas Orgánicas municipales.





