NOTA DE OPINIÓN

Revocatoria de Mandato: la herramienta que los pueblos necesitan para ser escuchados 

Con 18 millones de habitantes, 135 municipios, miles de concejales y decenas de legisladores, el sistema político bonaerense tiene un nivel de desprolijidad y descontrol que roza el absurdo. Mientras la sociedad avanza, la legislación provincial sigue atada a esquemas de mediados del S. XX.

Política 13/12/2025 Hora: 11:50
Revocatoria de Mandato: la herramienta que los pueblos necesitan para ser escuchados 
Revocatoria de Mandato: la herramienta que los pueblos necesitan para ser escuchados 

La Argentina arrastra un problema tan viejo como la política misma: cuando los representantes se olvidan de sus representados. Entre elecciones y elecciones, muchas veces no hay un mecanismo real para frenar el abuso, el desvío de poder o la traición abierta al mandato popular. Mientras tanto, legisladores y concejales, pueden avanzar en leyes que chocan con la voluntad de sus comunidades sin pagar ningún costo inmediato.

Por eso, debatir la Revocatoria de Mandato no es una opción: es una necesidad urgente.

La Argentina carece de un diseño nacional que organice y garantice este derecho cívico elemental. La Constitución Nacional no lo contempla, y lo poco que existe está disperso en normas provinciales y ordenanzas municipales que varían, se contradicen y muchas veces son letra muerta. Cada provincia decide si se aplica o no. Y como pasa siempre en el país federal de papel, la ausencia de reglas claras deja al pueblo desprotegido.

Lo que ocurrió recientemente en Mendoza, donde la Legislatura aprobó una ley extractivista rechazada por una parte importante del pueblo mendocino, es el ejemplo perfecto de por qué la revocatoria debe existir.

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Cuando un legislador vota a espaldas del pueblo, cuando se corta el lazo de representatividad, ¿qué puede hacer la comunidad? Protestar, marchar, gritar… pero institucionalmente, nada. No hay un mecanismo formal, rápido y democrático que permita remover a quienes traicionan el mandato. Sabemos que el Juicio Político no funciona.

La revocatoria permitiría que la ciudadanía mendocina active un proceso de control real: juntar firmas (porcentaje del padrón electoral), exigir una consulta y decidir si ese representante merece seguir ocupando una Banca que ya no honra.

Por otro lado, si hay un territorio donde la revocatoria de mandato debería estar vigente y operativa, es la provincia de Buenos Ayres.

Con 18 millones de habitantes, 135 municipios, miles de concejales y decenas de legisladores, el sistema político bonaerense tiene un nivel de desprolijidad y descontrol que roza el absurdo. Mientras la sociedad avanza, la legislación provincial sigue atada a esquemas de mediados del S. XX.

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Los representantes pueden completar mandatos enteros sin rendir cuentas, sin transparentar sus decisiones y sin que exista un mecanismo institucional que permita removerlos por corrupción, inacción o incumplimiento manifiesto de sus deberes.

La provincia padece profundos problemas estructurales. En ese contexto, esperar cuatro años para corregir un abuso es casi un lujo que el pueblo no puede darse.

La revocatoria obligaría a legisladores y concejales a trabajar, escuchar y responder. No sería una herramienta para desestabilizar, sino para garantizar la responsabilidad política. Es la otra cara de la democracia: la que reconoce que el poder es un préstamo temporario, no un derecho adquirido.

América Hispana ya discutió este tema:

  • Ecuador, Bolivia, Venezuela, Perú, Colombia y varios municipios chilenos y mexicanos cuentan con modelos de revocatoria.
  • En Estados Unidos, estados como California o Colorado la aplican hace décadas a gobernadores, alcaldes y jueces.
  • En Argentina, existen normas dispersas en provincias y municipios, como en Córdoba, Chaco, Chubut, Corrientes, Neuquén, Río Negro, San Juan.

Si la democracia es participación, la revocatoria no debilita: fortalece. Obliga a los dirigentes a mantenerse conectados con el pueblo, evita abusos y devuelve legitimidad a las instituciones.

La crisis de representación no es un slogan. Es una realidad palpable en el país: Mendoza lo sintió con la ley extractivista; Buenos Ayres lo padece cada día con sus legisladores y Concejales.

La revocatoria no es una amenaza para la democracia: es su garantía. En tiempos de crisis institucional, el pueblo necesita algo más que paciencia. Necesita herramientas. Y la revocatoria es una de ellas.

 


Luis Gotte

Mar del Plata

[email protected]
Coautor de Buenos Ayres Humana I: la hora de tu comunidad (Ed. Fabro, 2022); Buenos Ayres Humana II: la hora de tus intendentes (Ed. Fabro, 2024); y en preparación: Buenos Ayres Humana III: La Revolución Bonaerense del Siglo XXI, las Cartas Orgánicas municipales; y, Buenos Ayres Humana IV: Junín, capital de los bonaerenses. 

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