Chaco salteño: un ingeniero agrónomo construyó 100 pozos de agua para comunidades wichí
Tras inaugurar una nueva fuente en El Talar, el proyecto del agrónomo busca combatir el déficit hídrico y darles soberanía alimentaria con el avance en la creación de huertas comunitarias para la producción de alimentos.
El ingeniero agrónomo Alec Deane en abril de este año cumplirá 70 años de edad y, si bien lleva 47 de ellos trabajando sin descanso por dignificar la vida de los aborígenes de la etnia wichí, entre otras, desde 2002 lo hace a través de la Fundación Siwok, que él mismo creó y preside.

Con su equipo de gente, eligió terminar el 2025 e iniciar el nuevo año trabajando para llevar agua a las comunidades más necesitadas del noreste salteño. Ya instaló 102 pozos en comunidades de mayoría wichí y algunas chorotes, todos a pulmón, con poca ayuda del Estado y sobre todo, gracias a premios de concursos, a la solidaridad de la gente común, de empresas privadas y el apoyo de organismos internacionales.
En muchos de los videos que Alejandro o Alec sube a las redes no puede ocultar su angustia a causa de la impotencia que vive por no poder llegar a todas las comunidades. Explica que por más que él aumente su ayuda cada año, desde su ONG, si el Estado no asume la responsabilidad la situación se agrava y no hay buena voluntad privada que alcance. Señala que los departamentos Rivadavia, San Martín y Orán han sido declarados en emergencia sanitaria por Ley 8185, debido al alto índice de mortalidad infantil, a causa de la desnutrición.
“Es que tanto el Estado nacional y el provincial han fracasado, debido a que no hay una planificación a largo plazo, que se sostenga en el tiempo -dice Alec- y a la vista está que la solución no es enviar bolsones de comida, cuando es tan simple darse cuenta de que eso no dignifica ni libera a esa gente, sino que la vuelve más dependiente e incapaz de aprovechar sus propios recursos y talentos”, declara.

“Otro problema es la falta de calidad educativa -continúa, Deane, cuyo apellido es de origen irlandés, se pronuncia “Din” y significa “valle”- ya que no hay evaluación en las escuelas, no hay diagnóstico real. Falta una visión de largo plazo en todas las áreas del Estado. Considero que todos los equipos educativos y de producción de alimentos deben ser pagados contra resultados, para incentivar a las personas, y no con sueldos fijos”. Sostiene que es fundamental tener en cuenta que son gente que proviene de una cultura de cazadores y recolectores, “por lo que hay que adaptarse a ellos, y no al revés”, indica.
Con orgullo, el agrónomo expone que articulando con el Ministerio de Educación de la Nación y con el Instituto de Asuntos Indígenas llevan adelante un programa de huertas educativas de producción de alimentos en 42 escuelas de la zona en emergencia, por el que la Fundación Siwok les provee asesoramiento técnico, herramientas, como las cintas de riego por goteo, semillas de calidad, alambre tejido, etc.

Los frutos de las huertas se aprovechan en los comedores y también los alumnos se los llevan a sus hogares, logrando una dieta más equilibrada, ya que “el bajo peso multiplica por tres el riesgo de mortandad en los niños”, alerta. La fundación con este programa beneficia a 4200 alumnos, cuenta con 11 capacitadores wichí, bilingües, que se mueven en motos, y 2 coordinadores. El Ministerio de Educación les pagó por 6 meses unos 180.000 pesos para cada uno de los 11 capacitadores, pero cuenta que ahora se ha cortado y están tratando de retomarlo.
En una nota del 16 de junio de 2025, el medio Bichos de Campo expuso la dramática situación de abandono en la que hoy vive la comunidad wichí de Misión Salim, en pleno Chaco Salteño. Gracias a la misma, muchas personas se comunicaron con la producción de este medio para preguntar cómo ayudar a esa gente. Se decidió derivarlos a la Fundación Siwok para que no cayeran en un asistencialismo de corto plazo, fruto de un voluntarismo desordenado. En ese momento, para sorpresa de todos, el ingeniero agrónomo Deane aclaró que no tenía planeado aún llevar un pozo de agua con huerta a esa comunidad, debido a que hay muchas otras que se hallan en peor situación, y en lugares más inhóspitos.

Pues ahora sí, Alec se ha comprometido con toda la gente que se comunicó a partir de aquella nota, en recaudar los fondos necesarios para llevarles agua, hacer un pozo de 30 metros de profundidad y montar una huerta con la ayuda de los capacitadores bilingües. El pozo cuesta unos 2.000 dólares, pero advierte Deane, que la Jackson Kemper Foundation de Chicago, Estados Unidos, los ayuda con su plan de “Matching Donor”, por el cual duplican los fondos que ellos reciben de los donantes. De modo, que para los pozos sólo necesitan conseguir la mitad del dinero, ya que Kemper les completa, al duplicar la cantidad. Y señala Deane que Kemper les propone llegar a duplicar hasta los 200.000 dólares en 2027, con el destino de llevar los pozos de agua a más comunidades.
Explica el agrónomo, residente en Salta capital, que con los años la Fundación ha logrado pasar de depender de un grupo reducido de aportantes a poseer hoy una amplia y diversa base de donantes. Describe: “Los aportes privados hoy representan el 78,4% del financiamiento total, mientras que el 32,7% proviene de donantes individuales, un 41,2%, de organizaciones y empresas. Los fondos de origen público alcanzaron el 21,6%”.

Detalla el ingeniero: En la franja paralela al río Pilcomayo hicimos 28 pozos de los más profundos, mientras que hicimos 74 pozos de 26 a 30 metros, en la zona del río Bermejo. Hoy estamos cavando el pozo 103 en un lugar perdido en el monte. Hemos construido también 7 invernaderos para producir tomates y pimientos en invierno, cuando vale más la fruta. Para eso necesitamos las cintas de riego por goteo y los rollos de lonas plásticas de 150 micrones, más las estructuras y los rollos de alambre para montar los invernaderos. Cada rollo de 8 por 50 metros cubre 400 metros cuadrados. Cada invernadero tiene 1500 metros y montamos uno de 3000 metros. Algunas empresas del sector nos ayudan con estos materiales, pero necesitamos más”, reclama.

Alec también refiere que en 2025 han capacitado a 146 personas -en coordinación con otras ONGs- en el Centro de Capacitación Wichí que la fundación posee ubicado en Misión Chaqueña: 19 personas en producción textil, 40 en panificación con frutos del monte, 25 en mecánica de motos, 12 en producción apícola y 50 madres en temas de nutrición. Explica que el sistema de cultivos en las huertas que desarrolla la Fundación Siwok es el sudamericano donde se mezclan “las tres hermanas”, maíz, cucurbitáceas (diversos zapallos, melón, etc.) y porotos. Importante las leguminosas ya que aportan las necesarias proteínas. Además, en los invernaderos cultivan básicamente tomates y pimientos.

El agrónomo plantea que los aborígenes no eran sólo cazadores/pescadores/recolectores nómades, sino que todos tenían su cerco con cultivos en el monte. Sólo que de alto riesgo, ya que en una semana que no llovía, estando el maíz en flor, perdían todo. Además, que la apicultura es muy propia de ellos, cuya cultura es de “mieleros”. “Los padres llevan a sus hijos al monte para enseñarles a hallar las colmenas silvestres de modo que aprenden el oficio fácilmente y el Estado debería fomentarlo con programas”, propone.
Resalta Deane que cuando los aborígenes se incorporaron a la civilización, aprovecharon mucho la madera de quebracho, guayacán, palosanto, etc. Pero el extractivismo realizado sin reforestación en esa región, le fue quitando ese recurso y por eso es tan necesario hoy su acceso al agua para producir sus propios alimentos con programas estatales de capacitación agrícola de calidad y con evaluación externa.

“También apostamos a la generación de oportunidades y de ingresos para artesanos y artistas wichí -completa, el agrónomo-. Así crean y reproducen cientos de piezas de chaguar en paneras, bolsos y textiles, como de madera y pinturas. Cuatro pintores fueron seleccionados para participar en la Primera Bienal de Arte Indígena que se hará este año en Buenos Aires. Hace 10 años enviamos a dos wichís a aprender el arte y oficio de fabricar violines como los hacían los jesuitas de la época colonial. Y en 2025 realizamos el Primer Festival de Música Barroca del Chaco Salteño, integrando a 3 wichís en formación musical, porque hay que poner foco en apoyar los talentos de la gente”, resalta.

Culmina Alec: “Siempre tengo en cuenta la parábola de los talentos, de Jesucristo, porque si a mí se me dio mucho, es mi deber dar a los demás del mismo modo que yo he recibido. Porque al final de mis días se me juzgará por lo que he hecho con los dones recibí”.
Alec Deane eligió dedicar la canción El Jardinero, de María Elena Walsh, por León Gieco:
Nota original de Esteban López en Bichos de Campo





