7 de Marzo: La gesta de Patagones, el día que el sur defendió a la Patria
A 199 años de la batalla, recordamos cómo una improvisada defensa de gauchos y corsarios humilló a la marina del Imperio del Brasil. Sed, fuego y coraje en el Cerro de la Caballada.
En marzo de 1827, la Guerra del Brasil ardía en el Río de la Plata. Mientras las flotas principales se enfrentaban en aguas abiertas, el Imperio brasileño decidió asestar un golpe estratégico al "nido de corsarios" que operaba desde el río Negro. El objetivo era Carmen de Patagones, el último enclave civilizado del sur, desde donde las naves republicanas hostigaban el comercio imperial. Lo que Brasil planeó como una incursión rápida terminó siendo una de sus derrotas más amargas.

El inicio del desastre imperial
La expedición brasileña, al mando del capitán James Shepherd, llegó a la desembocadura del río Negro a finales de febrero. Desde el primer momento, el terreno les fue hostil. El 3 de marzo, la corbeta Duqueza de Goyas encalló y naufragó debido a los traicioneros bancos de arena del río, dejando 38 bajas y un clima de desmoralización en las tropas invasoras.
Ante la dificultad de navegar el río, Shepherd tomó una decisión arriesgada: atacar Patagones por tierra. A la madrugada del 7 de marzo, desembarcó a 350 hombres en la margen sur, iniciando una marcha que se convertiría en un infierno.

El "Cerro de la Caballada": Sed, matorrales y fuego
Sin guías expertos, los soldados brasileños se extraviaron en una noche asfixiante. Cargando equipo pesado sobre arena blanda y matorrales espinosos, los oficiales debieron ser transportados en hombros por sus subordinados. Para cuando el sol asomó a las 6:30 de la mañana, los invasores llegaron al Cerro de la Caballada completamente extenuados: llevaban 24 horas sin beber agua y su único alimento había sido carne salada, lo que exacerbaba su desesperación.
Allí los esperaban los defensores. Bajo el mando del subteniente Sebastián Olivera y el baqueano José Luis Molina, las milicias republicanas y los gauchos locales no les dieron respiro. En los primeros intercambios de disparos, el comandante Shepherd cayó muerto. Su sucesor, Guillermo Eyre, se encontró rodeado por una guerrilla que utilizó el entorno a su favor: prendieron fuego a la vegetación seca, cercando a los brasileños con humo y llamas.

El colapso naval y la rendición
Mientras la columna de tierra era diezmada, en el río el capitán corsario Santiago Jorge Bynon lideraba el ataque contra la flota brasileña. Uno a uno, los buques imperiales —el Escudeiro, la Constanza e incluso la poderosa corbeta Itaparica— fueron abordados o hundidos.
Al ver sus barcos capturados desde lo alto del cerro, y con sus hombres rendidos por la sed y el fuego, Eyre no tuvo más opción que entregar su espada. La victoria fue total: los "maragatos" habían capturado naves, armas y banderas de una de las potencias navales más importantes de la época.
El legado de las banderas: Una soberanía que no se entrega
Hoy, 199 años después, el orgullo de aquella batalla sigue vivo en las calles de Carmen de Patagones. En la iglesia Nuestra Señora del Carmen, frente a la Plaza 7 de Marzo, aún se exhiben dos de las banderas capturadas al Imperio del Brasil.

En la década de 1990, un intento diplomático de devolver los pabellones a Brasil como gesto de buena voluntad fue frenado por la enérgica protesta del pueblo maragato. Para ellos, esas banderas no son trofeos de guerra, sino el testimonio de que el sur de la provincia de Buenos Aires siempre fue, y será, argentino.
La Fiesta de la Soberanía Patagónica
Todos los años se celebra en Carmen de Patagones la fiesta del 7 de Marzo. Esta fiesta tiene como motivo el festejo al recordar la victoria de Carmen de Patagones frente a la invasión Brasilera a la Patagonia.







