Campaña de Fina 2026/27: la intención de siembra cae un 8% por el impacto de los costos y la suba de fertilizantes
La Bolsa de Cereales de Bahía Blanca proyecta una reducción de 180.000 hectáreas en su área de influencia debido a márgenes ajustados, a pesar de que las reservas hídricas en los suelos y el pronóstico climático son óptimos para el arranque.
El sudoeste bonaerense y la amplia región de influencia de la Bolsa de Cereales y Productos de Bahía Blanca (BCPBB) se preparan para dar el puntapié inicial a la campaña de granos finos 2026/27. Tras un ciclo previo que dejó números históricos en las tolvas, el nuevo escenario agrícola está marcado por una fuerte paradoja: la tierra cuenta con una humedad óptima y el clima acompaña, pero los números de la macroeconomía global y local obligan a los productores a recalcular sus estrategias.
De acuerdo con el Reporte N° 189 de la BCPBB, correspondiente a la segunda quincena de mayo de 2026, la intención de siembra en la región proyecta una caída interanual del 8%. Esto significa que unas 180.000 hectáreas quedarán fuera del circuito invernal en comparación con el año pasado, totalizando una superficie estimada de 2,16 millones de hectáreas. El encarecimiento de los insumos clave, fundamentalmente los fertilizantes nitrogenados y los combustibles, aparece como el principal freno de mano para las sembradoras.
Un contexto global condicionado por la geopolítica
La toma de decisiones para este ciclo local se da en un mercado internacional sumamente volátil. Venimos de una campaña global 2025/26 donde el trigo alcanzó un récord histórico de 844 millones de toneladas y la cebada recuperó volumen. Sin embargo, para el ciclo 2026/27 se proyecta una contracción generalizada.
El Departamento de Agricultura de los Estados Unidos (USDA) estima una producción mundial de trigo de 819,1 millones de toneladas (una caída del 3% interanual). Las mermas productivas afectarán a los principales exportadores del mundo: Estados Unidos caerá un 21%, Australia un 17%, Canadá un 12% y Argentina un 25%. Con un consumo global que se mantendrá estable en 823,52 millones de toneladas, los stocks finales van camino a reducirse un 1,5%.
Por el lado de la cebada, el Consejo Internacional de Granos (CIG) proyecta una baja del 2,9% en la cosecha mundial, situándola en 150 millones de toneladas, afectada por menores rendimientos internacionales y un retroceso del 4,7% en el comercio global, debido a una menor demanda de China.
Frente a esta menor oferta global, los precios internacionales reaccionaron de forma alcista. Impulsado por el conflicto en Medio Oriente y las proyecciones de escasez en Norteamérica, el trigo en el mercado internacional superó la barrera de los 240 dólares por tonelada, alcanzando máximos de los últimos 24 meses. Localmente, la posición a cosecha para enero de 2027 copió este dinamismo, mostrando un valor un 13,6% superior al registrado a igual fecha del año pasado.
Números locales: Récords que dejan la vara alta
La campaña argentina 2025/26 que está concluyendo su etapa comercial fue extraordinaria en volumen. Según la Secretaría de Agricultura, Ganadería y Pesca (SAGyP), a nivel nacional se logró un récord histórico de 27,9 millones de toneladas de trigo y 5,6 millones de toneladas de cebada.
En los muelles del Puerto de Bahía Blanca el dinamismo fue notable. Los embarques de trigo del ciclo actual alcanzaron las 1,9 millones de toneladas, marcando un impactante incremento del 85% interanual, con destinos clave como Indonesia, Vietnam, Bangladesh y Brasil. La cebada no se quedó atrás: se despachó 1 millón de toneladas (un 17% más que el ciclo previo), teniendo a Arabia Saudita como el comprador del 51% de los cargamentos, seguido por China.
De cara al nuevo ciclo comercial, los exportadores ya muestran un fuerte interés por el trigo nuevo, acumulando compras anticipadas por 1,4 millones de toneladas, una cifra muy superior a las 300.000 toneladas registradas a la misma altura en 2025.
![]() |
![]() |
El mercado de fertilizantes: Abastecimiento fluido pero a precios récord
La contracara del repunte de los precios de los granos es el costo logístico y de producción. Tras los altísimos rindes de la campaña pasada, los suelos de la región sufrieron una fuerte extracción de nutrientes. Muchos lotes registraron bajos niveles de proteína en el grano precisamente por la dilución del nitrógeno disponible, lo que obliga a los productores a planificar esquemas de fertilización eficientes si quieren sostener la calidad comercial.
La buena noticia es que el mercado interno está plenamente abastecido. Durante el primer cuatrimestre de 2026 ingresaron al país más de 670.000 toneladas de fertilizantes, un 30% más que el año pasado, marcando el mayor volumen de importación de los últimos cinco años para este período (traccionado en parte por la fertilización de pasturas para la ganadería).

La mala noticia radica en los valores económicos. La fuerte dependencia de las importaciones (Argentina importa el 100% de los fosfatados y el 36% de la urea proviene del Golfo Pérsico) traslada de inmediato la tensión geopolítica global a las agronomías locales.
Al analizar la relación insumo/producto —es decir, cuántos quintales de grano se necesitan para comprar una unidad de nutriente— el desfasaje es evidente:
- La relación para la urea trepó a 4,6, ubicándose muy por encima del promedio de la última década, que es de 2,8.
- El fosfato diamónico (DAP) se posicionó en una relación de 5,1, superando la media histórica de 3,6.
El análisis interanual de costos directos (mayo 2025 vs. mayo 2026) deja en claro el salto: mientras que las semillas y los agroquímicos se mantuvieron estables, las labores aumentaron un 13% (promediando 108 dólares por hectárea) y los costos de cosecha escalaron un 41% por el aumento del combustible. Sin embargo, el impacto definitivo viene de la mano de la urea, que se disparó un 86% interanual, pasando de 490 a 910 dólares la tonelada. Por su parte, el DAP aumentó un 24%, promediando los 995 dólares por tonelada.

Radiografía de la siembra en el área de la BCP
Con estos márgenes ajustados sobre la mesa, la Bolsa bahiense estima que la superficie dedicada al trigo en su región disminuirá un 7%, ocupando 1,39 millones de hectáreas. Por el lado de la cebada, la retracción proyectada es del 9%, cubriendo unas 770.000 hectáreas.

Las zonas Centro (La Pampa y oeste de Buenos Aires) y Sur bonaerense serán las áreas que mostrarán la mayor reducción del área de fina, especialmente en aquellos ambientes de menor potencial productivo donde los números no cierran. En las regiones donde los cultivos de verano tienen mayor peso (como el norte de La Pampa, norte de Buenos Aires y sectores del sudeste bonaerense), muchos productores decidirán saltearse la fina. Optarán por estirar los barbechos químicos para asegurar la acumulación de agua para la soja, el maíz o el girasol, o bien implantarán cultivos de cobertura de leguminosas para fijar nitrógeno de manera biológica.
Bajo este mapa de siembra restringido, y calculando rendimientos promedio históricos de 3.100 kg/ha para trigo y 3.600 kg/ha para cebada, la BCP proyecta una producción regional de 4,1 millones de toneladas de trigo (un 9% menos que la campaña anterior) y 2,6 millones de toneladas de cebada (un 4% menos). De todas formas, estos volúmenes se mantendrían en sintonía con las medias de los últimos seis años.
No obstante, desde la entidad bursátil aclaran que el tablero todavía no está cerrado. El reciente anuncio oficial del gobierno sobre una reducción de 2 puntos porcentuales en los derechos de exportación para ambos cereales, que entrará en vigencia el próximo mes, podría reactivar el interés y recuperar hectáreas a último momento, siempre y cuando esa baja de retenciones se traduzca de forma efectiva en una mejora del precio que recibe el productor en el campo.
Clima: Perfiles cargados y perspectivas de "Neutralidad"
Desde la perspectiva estrictamente meteorológica, el punto de partida para la campaña de fina es inmejorable. Las abundantes lluvias registradas durante marzo y abril permitieron una recarga completa de los perfiles de suelo en casi toda la región, configurando un escenario sustancialmente mejor al de los últimos años.
A nivel macro, los modelos científicos indican que los fenómenos de "El Niño" o "La Niña" presentan probabilidades muy bajas de ocurrencia para los próximos meses. Bajo condiciones de neutralidad climática, el Servicio Meteorológico Nacional (SMN) pronostica para el trimestre mayo-junio-julio un régimen de precipitaciones que se ubicará entre lo "normal a superior a lo normal" en el área de influencia de Bahía Blanca. Paralelamente, se prevé que las temperaturas medias queden levemente por encima de las normales históricas para la época invernal.
De cumplirse estas variables, los cultivos transitarán las etapas críticas de emergencia, implantación y macollaje sin estrés hídrico. Sin embargo, el rinde definitivo se jugará en la distribución de las lluvias durante la primavera y en el monitoreo de alertas regionales, tales como la aparición de heladas tardías o eventos de alta humedad que disparen riesgos sanitarios.
Para el corto plazo (próximos 10 días), los mapas agrometeorológicos ya anticipan una probabilidad de entre el 60% y 70% de ocurrencia de heladas en partidos del centro de la provincia de Buenos Aires, acompañadas por precipitaciones moderadas con acumulados de entre 30 y 40 milímetros. Para un seguimiento estratégico y en tiempo real, los productores tienen a disposición las consultas semanales en el informe agrometeorológico oficial de la Secretaría de Agricultura y la plataforma interactiva de monitoreo de riesgos climáticos del INTA.
![]() |
![]() |







