Puan: la historia del fortín fronterizo que forjó una ciudad en el sudoeste bonaerense hace 150 años
El fortín fue fundado en 1876 con el objetivo de establecer una guarnición militar en la línea de la frontera bonaerense. Con los años, una localidad fue surgiendo alrededor del fuerte, formada por un pequeño núcleo urbano compuesto mayormente por los familiares de la tropa.
El próximo viernes 5 de junio, la localidad cabecera de Puan cruzará el umbral de sus 150 años de vida. Más allá del amplio cronograma de festejos populares e institucionales que detallamos en SudOeste B.A., este sesquicentenario invita a una pausa necesaria. Es la oportunidad perfecta para sumergirse en la profundidad de su historia, un relato marcado por el viento pampeano, las estrategias de frontera y la resiliencia de una comunidad que transformó un rústico asentamiento militar en el faro cultural y productivo que es hoy.
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Para entender a Puan es indispensable retroceder a una época donde el mapa de la provincia de Buenos Aires se dibujaba con trazos de tiza y líneas de fortines.
El escenario indómito: de las tolderías a la "Zanja de Alsina"
Hasta mediados de la década de 1870, las tierras del actual partido de Puan constituían un territorio dominado en su totalidad por las tolderías indígenas. Esta vasta llanura, clave por su posición geográfica en el sudoeste bonaerense, se encontraba en la mira del Estado Nacional en pleno proceso de consolidación.
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El gran quiebre geopolítico se produjo bajo la gestión de Adolfo Alsina, entonces Ministro de Guerra y Marina. Su estrategia consistió en un avance general de las fronteras sobre el área pampeana a través de un sistema defensivo conocido como la “Zanja de Alsina”. Esta iniciativa combinaba el cavado de una gran fosa con el trazado estratégico de una nueva línea de fortines y comandancias militares. Fue precisamente en ese mapa de avance donde Puan fue elegido para cumplir un rol central.
1876: El nacimiento en el corazón de la plaza
La fundación oficial quedó grabada en el año 1876. Por orden superior, el coronel Salvador Maldonado se internó en la pampa y estableció una guarnición militar en el predio exacto donde hoy se ubica la plaza principal de la ciudad. A partir de ese hito, el fuerte comenzó a edificarse en medio de privaciones y alertas constantes.
Un rasgo sumamente característico de este período fundacional fue la incorporación al plantel militar de los llamados “indios amigos”. Esta comunidad nativa, liderada por el cacique Pichi-Huinca, se asentó junto a la tropa y formó parte activa de la vida inicial del enclave, reflejando la complejidad social de los espacios de frontera.
Puan no nació del diseño teórico de un agrimensor, sino de la dinámica humana que rodeaba al fuerte. Alrededor de la fortificación se fue consolidando un pequeño núcleo urbano compuesto, en su gran mayoría, por los familiares de la propia tropa. Aquellas mujeres e hijos desafiaron el aislamiento geográfico y sembraron la semilla de la sociedad civil.
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Vestigios e instituciones que guardan la memoria
El crecimiento fue vertiginoso. Para 1886, apenas diez años después del arribo de Maldonado, Puan ya contaba con su primera autoridad civil, marcando la transición formal de campamento militar a pueblo en regla.
La fisonomía original de la Comandancia Militar ocupaba la manzana en la que actualmente se erige la Parroquia Inmaculada Concepción, justo frente a la plaza principal. En aquellos años coloniales, la entrada y salida de la comandancia estaba custodiada por cuatro imponentes pilastras. Aunque hoy solo quedan registros fotográficos, la memoria urbana las mantiene vigentes.
UN ENCUENTRO CLAVE PARA LA MEMORIA COLECTIVA
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Asimismo, la seguridad de la comandancia dependía de una red de fortines cercanos que demarcaban la línea de fuego, de los cuales la geografía actual prácticamente no conserva vestigios físicos:
- Fortín Legión Militar: ubicado a 12 kilómetros de la actual planta urbana.
- Fortín Sargento Segovia: emplazado a solo 1,5 kilómetros del Fortín Legión Militar.
- Fortín Mateo Martínez: situado a 4 kilómetros del Sargento Segovia.
Para quienes deseen reconstruir visual y materialmente esta epopeya, Puan cuenta con un pilar institucional invaluable: el Museo Municipal Ignacio Balvidares. Este espacio no solo narra los pormenores de la frontera bonaerense y la conformación del Estado Nacional, sino que atesora un valioso acervo arqueológico con piezas rescatadas directamente de los antiguos asentamientos. Visitarlo es una cita obligada para comprender la identidad de la región.
A 150 años de aquellos primeros muros de adobe y cañonazos, Puan abraza su historia con orgullo, consolidada como una comunidad que supo transformar la rigurosidad de su origen militar en un presente de unión, trabajo y futuro.
SudOeste B.A. con información del Archivo Histórico del Museo Municipal Ignacio Balvidares de Puan y el Registro Fotográfico de Antonio Pozzo (1879) del Museo Roca.






