Inicio de cultivos de fina: el desplome del precio de fertilizantes reactiva la siembra de trigo tras un arranque incierto
El Reporte Agrícola Quincenal de la Bolsa de Cereales y Productos de Bahía Blanca destaca que el insumo clave bajó un 34% en un mes. A pesar de los excesos hídricos que demoran las sembradoras con apenas un 15% implantado, los buenos perfiles de humedad auguran una campaña de alta calidad para los mercados internacionales.
La campaña agrícola fina 2026 ha comenzado a desandar sus primeros lotes en toda el área de influencia de la Bolsa de Cereales y Productos de Bahía Blanca (BCPBB) bajo un escenario de marcados contrastes, giros estratégicos y un cambio de tendencia económica que reaviva las expectativas del sector. Tras un inicio de mayo condicionado por una ecuación económica poco alentadora debido al fuerte incremento de costos estructurales —principalmente gasoil y fertilizantes—, el panorama productivo experimentó un alivio sustancial en las últimas semanas gracias a un drástico reacomodamiento en los mercados mayoristas de insumos.
De acuerdo con el último Reporte Agrícola Quincenal de la entidad, la siembra de trigo y cebada exhibe actualmente una gran variabilidad entre los distintos partidos de la región. En el norte pampeano y el oeste bonaerense, las limitantes económicas iniciales obligaron a los productores a recalcular sus esquemas de rotación: muchos lotes originalmente asignados a la fina fueron derivados a cultivos de cobertura o barbechos con la meta de resguardar el agua y los nutrientes del suelo para los planteos estivales, que ostentan un mayor peso relativo en esas latitudes.
En contraposición, las cuencas trigueras tradicionales optaron desde el primer momento por sostener la superficie del cereal, asumiendo una moderación en los planteos nutricionales que ahora, frente al nuevo contexto de precios, empieza a revertirse.
El factor insumos: un respiro para los márgenes del productor
El dato clave que dinamiza los planes de siembra en pleno mes de junio es el marcado descenso en el precio de los fertilizantes nitrogenados. Tras tocar picos alarmantes de 950 dólares por tonelada a comienzos de mayo, el valor de este insumo estratégico se desplomó hasta los 625 dólares por tonelada durante la segunda semana de junio. Esta reducción del 34% altera de forma directa la competitividad de las explotaciones de la región.
La mejora en la relación insumo-producto no solo incentiva una potencial expansión de la superficie y una mayor incorporación de tecnología, sino que resulta determinante para el manejo nutricional del cultivo. Una fertilización adecuada permitirá alcanzar mayores rendimientos e impulsar la calidad comercial del grano. Esto es indispensable para abastecer a la molienda local y consolidar los despachos hacia los mercados de exportación más exigentes, encabezados por Brasil como principal socio comercial de la región.
A la fecha, las labores de implantación avanzan con demoras operativas, registrando un progreso del 15% sobre el área proyectada. Los retrasos actuales no responden a la falta de intención de siembra, sino a las elevadas reservas hídricas y el barro en superficie, consecuencia directa de las recurrentes lluvias de mayo y la primera semana de junio, que restringen el ingreso físico de la maquinaria a los campos.
Cosecha gruesa: rindes satisfactorios bajo la presión del barro
Paralelamente, la recolección de los cultivos de verano ingresa en su tramo final con ritmos dispares según la subzona de la BCP, fuertemente condicionada por la falta de piso y la elevada humedad en los granos. En la Zona Norte, la cosecha de soja se encuentra virtualmente concluida, exceptuando lotes específicos con anegamientos. Los resultados finales en esta región son excelentes: los planteos de primera consolidaron productividades de entre 3.000 y 4.500 kilos por hectárea, en tanto que las variantes de segunda se ubicaron en una franja de 1.800 a 2.800 kilos por hectárea.
Por el lado del maíz en el norte, los esquemas tempranos muestran un avance del 90% con rendimientos sólidos de 6.500 a 8.000 kilos por hectárea. Los maíces tardíos, no obstante, retienen humedades elevadas del 20% al 25%, postergando la generalización de las trilladoras.
En la Zona Centro Pampa, las cosechadoras cubrieron cerca del 80% del área, manifestando una marcada heterogeneidad. Las sojas de primera rinden en torno a los 3.000 kilos por hectárea y las de segunda promedian los 2.000 kilos por hectárea. El escenario se complejiza en el Centro-Oeste, donde las abundantes precipitaciones paralizaron los trabajos desde fines de mayo, restando levantar la mayor parte de las sojas de segunda. En el Centro-Este, el exceso de humedad edáfica provoca un retraso severo con apenas un 20% de avance y rindes medios de 2.200 kilos por hectárea.
El maíz en la franja central progresa con lentitud por la combinación de suelos saturados y granos húmedos. Los maíces tempranos en Centro Pampa registran progresos inferiores al 30%, con picos de 8.000 a 8.500 kilos por hectárea en el norte de la subzona, descendiendo a rangos de 4.000 a 5.000 kilos por hectárea en sectores restrictivos. Los planteos tardíos, con humedades superiores al 20%, registran trillas marginales e incluso varios lotes avanzados debieron reprogramarse con destino a silaje. Hacia el Centro-Oeste, los maíces tempranos recién inician con marcas de 6.500 a 6.800 kilos por hectárea, manteniéndose el grueso de los cuadros en pie.
Finalmente, en la Zona Sur, la persistencia de las lluvias mantiene las demoras operativas. A pesar del contratiempo climático, los rendimientos de la oleaginosa superan las expectativas iniciales de los productores, logrando capitalizar las lluvias caídas durante el período de definición de rendimientos. El maíz del sur, casi en su totalidad tardío, permanece en pie a la espera de que el clima permita recuperar el piso de los lotes y reduzca la humedad del grano.

Perspectivas hídricas y el impacto inminente de las heladas
El balance hídrico regional al 7 de junio ratifica la presencia de excesos en el perfil, concentrados primordialmente en el centro-este de la provincia de Buenos Aires. Si bien esta condición ralentiza los trabajos mecánicos diarios, representa una base de almacenamiento de agua inmejorable para las etapas iniciales de la fina que compensará los meses de menor registro pluviométrico.
Para los próximos diez días, el escenario meteorológico prevé un cambio de dinámica fundamental: se anticipa una drástica caída de las temperaturas con una probabilidad del 80% al 90% de ocurrencia de heladas generalizadas sobre el centro y sur del área de la BCP.
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Acompañando el enfriamiento, las precipitaciones serán escasas o nulas, proyectándose acumulados inferiores a los 25 milímetros localizados hacia el noreste bonaerense. Estas condiciones secas y frías podrían ser el factor definitivo para orear los suelos, recuperar el piso y permitir el ingreso masivo de las sembradoras de fina en toda nuestra región.






