El consumo de carne vacuna cayó a su nivel más bajo en 20 años, ante la pérdida del poder adquisitivo
Un relevamiento de CICCRA confirmó que la demanda interna de carne vacuna acumuló una alarmante caída en los primeros meses del año. Pese a un leve freno en los precios de mostrador, el bolsillo familiar sigue sin traccionar y el sector se apoya cada vez más en el mercado exterior.
La fisonomía de la mesa familiar en Argentina está experimentando una transformación forzada por la realidad económica. El asado, históricamente un termómetro del humor social y cultural del país, ha pasado de ser un ritual frecuente a un consumo selectivo y cada vez más espaciado. Así lo certifica el último informe emitido por la Cámara de la Industria y Comercio de Carnes y Derivados de la República Argentina (CICCRA), que revela que el consumo doméstico de carne vacuna se desplomó drásticamente en el último año, marcando el registro más bajo de las últimas dos décadas.
Según los datos de la entidad, el consumo per cápita se retrajo con fuerza hasta ubicarse en el promedio de los 47,5 kilos por habitante al año. Este número representa una contracción de más de tres kilos por habitante en comparación con el mismo período del año anterior y profundiza una tendencia de declive estructural que aleja al país de aquellos picos históricos —superiores a los 68 kilos— registrados a finales de la década de 2000. En términos absolutos, las carnicerías y las góndolas de los supermercados despacharon miles de toneladas menos, evidenciando un achicamiento severo del mercado interno.
El fenómeno actual presenta una paradoja para los analistas sectoriales. Durante los últimos meses de la medición, los precios de los principales cortes vacunos en el mostrador —tales como el asado, el cuadril y la nalga— ensayaron sutiles bajas y un congelamiento virtual tras los fortísimos incrementos acumulados en el arranque del ciclo. Sin embargo, la demanda se mantuvo completamente paralizada y no reaccionó ante este freno en los valores.
Los especialistas advierten que el verdadero obstáculo detrás de esta apatía no es el precio puntual de la carne en la pizarra, sino la persistente erosión del poder adquisitivo de los salarios, que todavía no logran recuperarse para absorber la canasta básica general.
A la par de la retracción de la demanda, la oferta ganadera también muestra signos de fatiga. La producción de carne acumuló una contracción superior al siete por ciento anual, afectada por la escasez de hacienda tras ciclos climáticos adversos previas y los elevados costos operativos que soporta la industria frigorífica. Esta combinación ubica los niveles de faena y actividad general en los escalones más deprimidos de la última década.
En este adverso panorama local, las empresas del sector han encontrado su principal válvula de escape en el comercio internacional. Las exportaciones de carne vacuna mostraron un crecimiento sostenido, consolidando un esquema donde una proporción cada vez mayor de la producción total se destina al extranjero en lugar de abastecer a las carnicerías de barrio.
Curiosamente, el motor de este auge exportador sufrió un cambio geográfico radical. Mientras que China —el histórico comprador masivo de volumen— exhibió una debilidad muy marcada con desplomes que superaron el treinta por ciento en sus compras, el salvavidas de la industria local fue el mercado de los Estados Unidos. Gracias a la ampliación de cupos de exportación libres de aranceles, los envíos hacia el norte del continente se triplicaron, compensando la parálisis asiática y transformando la lógica comercial del negocio ganadero.
La radiografía que traza el informe de CICCRA deja planteado un enorme interrogante para el mediano plazo. Con un mercado interno que históricamente absorbía más del noventa por ciento de lo que se producía y que hoy apenas logra retener poco más del setenta por ciento, la cadena cárnica argentina se enfrenta a una encrucijada: reconvertirse definitivamente hacia una matriz meramente exportadora o esperar una recomposición económica interna profunda que le devuelva a los ciudadanos la capacidad de recuperar su plato más emblemático.



