Martín Miguel de Güemes: El héroe postergado que blindó la frontera del Norte y murió defendiendo la libertad
A 205 años de su paso a la inmortalidad, recordamos al líder de la "Guerra Gaucha", una pieza clave para el plan libertador de San Martín. La resistencia de un ejército popular frente al desprecio del centralismo porteño
Cada 17 de junio, la Argentina conmemora el paso a la inmortalidad del General Martín Miguel de Güemes, el único general de nuestra historia patria que murió en acción de guerra externa. Su figura, fundamental para consolidar la independencia hispanoamericana, representa no solo la pericia militar estratégica, sino también el nacimiento de un verdadero ejército popular: los gauchos.
Nacido en Salta en 1785, Güemes abrazó la carrera militar desde muy joven. Tras defender a Buenos Aires durante las Invasiones Inglesas, los hechos de la Revolución de Mayo de 1810 lo sumaron de inmediato a la causa patriota. Sin embargo, su verdadero hito histórico comenzó en el norte argentino, donde se convirtió en el escudo impenetrable que contuvo las feroces oleadas realistas que descendían desde el Alto Perú.
La Guerra Gaucha: Táctica e ingenio popular
Con la provincia de Salta en pie de guerra y escasos recursos económicos, Güemes organizó una estrategia de guerrillas que desgastó sistemáticamente a las tropas españolas —veteranas de las guerras napoleónicas—. A través de partidas de no más de veinte hombres, aplicando la táctica de "tierra arrasada" y hostigamientos sorpresivos, sus milicias rurales integradas por gauchos, arrieros y mestizos lograron rechazar numerosas invasiones realistas.
Esta formidable resistencia en la frontera norte no fue un hecho aislado: fue la garantía necesaria para que el General José de San Martín pudiera llevar a cabo su plan continental de cruzar los Andes y liberar Chile y Perú, sabiendo que la retaguardia de las Provincias Unidas estaba a salvo.

Entre el fuego enemigo y el olvido porteño
La biografía del prócer destaca una constante que marcó sus últimos años: la soledad política y militar. Mientras Güemes y sus hombres ponían el cuerpo en la frontera, los auxilios desde Buenos Aires casi nunca llegaron. El centralismo porteño, encarnado en figuras como José Rondeau, desconfiaba del liderazgo de este caudillo popular y prefería desviar recursos para combatir conflictos internos en el litoral.
Incluso a nivel interno, Güemes debió enfrentar la oposición de las clases altas terratenientes locales, molestas por las contribuciones forzosas que el gobernador les exigía para financiar la guerra y por la creación del "fuero gaucho", que protegía a los milicianos de los abusos de los patrones.
Un final trágico y una memoria recuperada
La noche del 7 de junio de 1821, una columna realista guiada por sectores de la propia elite salteña que lo consideraban un "tirano" logró sitiar la ciudad y herir de gravedad al caudillo. Güemes agonizó durante diez días en la cañada de la Horqueta. En sus últimos momentos de vida, rechazó con hidalguía los ofrecimientos de los emisarios españoles, quienes le prometían riquezas y traslados a cambio de deponer las armas. Falleció el 17 de junio de 1821, a los 36 años.
La desconexión y el recelo de la época quedaron plasmados en la prensa de la capital. Tras su fallecimiento, la Gaceta de Buenos Aires llegó a publicar de manera despectiva: “Murió el abominable Güemes al huir de la sorpresa que le hicieron los enemigos. ¡Ya tenemos un cacique menos!”.
A más de dos siglos de su sacrificio, el revisionismo histórico ha colocado a Güemes en el pedestal que le corresponde: el de Héroe Nacional. Hoy, desde SudOeste B.A., rescatamos su legado de patriotismo desinteresado, federalismo y compromiso popular, valores esenciales para seguir pensando la construcción de nuestro país.
Martin Miguel de Güemes por Felipe Pigna:



