Radiografía económica del Sudoeste Bonaerense: del boom turístico de Monte Hermoso al golpe industrial en Coronel Suárez
El último informe de la UNLP revela que la reactivación del 2,6% en la provincia de Buenos Aires esconde realidades opuestas: mientras los servicios y el agro empujan el crecimiento de trece distritos de la región, la crisis fabril hunde al polo manufacturero suarense como el peor rendimiento de todo el territorio.
La economía de la provincia de Buenos Aires muestra signos claros de reactivación, pero consolida un mapa profundamente desigual en su territorio. Tras dos años consecutivos de contracción económica durante 2023 y 2024, el Valor Agregado Bruto (VAB) bonaerense registró un incremento real del 2,6% a lo largo de 2025. Sin embargo, detrás de este promedio provincial que marca un alivio generalizado, coexisten realidades drásticamente opuestas.
Así lo revela el último informe sobre Cadenas Productivas en los Municipios de la Provincia de Buenos Aires 2025, elaborado de forma minuciosa por el Laboratorio de Desarrollo Sectorial y Territorial de la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP). El estudio, que analiza el comportamiento real de 63 cadenas productivas que equivalen al 88% del Producto Bruto Interno (PBI) de la provincia, desnuda que la recuperación actual estuvo empujada de manera casi exclusiva por el sector de servicios, el comercio y el rebote de la cadena sojera, mientras que las ramas manufactureras e industriales continuaron en caída libre.
En la región sur y sudoeste del mapa bonaerense, esta brecha sectorial se traduce en un llamativo contraste geográfico: municipios costeros y agrícolas festejan tasas de crecimiento de dos dígitos, al tiempo que los distritos con fuerte impronta textil y manufacturera sufren los peores indicadores de toda la provincia.
Los motores del Sudoeste: Servicios, turismo y el empuje del agro
El gran ganador de la región en términos de velocidad de crecimiento fue Monte Hermoso. Con una expansión real de sus cadenas productivas del 13,9%, se consolidó en el podio de los distritos con mayor crecimiento de todo el territorio provincial. El motor indiscutido de este fenómeno fue la reactivación del comercio local y las actividades directamente vinculadas al turismo y los servicios hoteleros y gastronómicos, una constante que benefició a gran parte de la Costa Atlántica.
Siguiendo de cerca la dinámica expansiva, el sector agropecuario del interior sur también mostró excelentes respuestas a las condiciones climáticas y comerciales de la temporada. El municipio de Guaminí registró un salto notable del 10,2% en su valor agregado, traccionado con fuerza por la cadena maicera y las actividades primarias. De manera similar, Coronel Dorrego capitalizó el buen año de los cultivos extensivos logrando una expansión del 8,4%, mientras que Patagones se posicionó fuertemente con un alza del 7,81%.
Un escalón por debajo, pero manteniendo un ritmo firme que superó el promedio de la provincia, aparecen Puan, con un crecimiento del 7,5%, Tornquist, que avanzó un 6,7% apuntalado por su oferta combinada de turismo serrano y agro, y Saavedra, que consolidó una suba del 6,11% en el rendimiento de sus cadenas.
Por su parte, Coronel Rosales cerró un balance anual muy favorable con un crecimiento del 4,94%, seguido de cerca por Coronel Pringles, cuyas cadenas productivas ganaderas, agrícolas y comerciales se expandieron un 4,15%, logrando ubicarse de forma cómoda por encima de la media de la provincia.
Crecimiento moderado y estancamiento: Bahía Blanca, Villarino y Adolfo Alsina
En el corazón económico de la región, el comportamiento fue más conservador. Villarino reportó un crecimiento moderado del 2,83%, encontrando estabilidad en sus cadenas agropecuarias tradicionales y de servicios básicos.
Bahía Blanca, la principal urbe de la zona y un nodo logístico fundamental, experimentó una expansión del 2,59%. Aunque el número es positivo y refleja la tracción de su complejo portuario, el transporte y los servicios financieros, el indicador global de la ciudad se vio contenido por el flojo desempeño de su polo industrial, golpeado por el aumento de los costos energéticos y una demanda interna que tardó en reaccionar.
En una situación de virtual estancamiento quedó Adolfo Alsina, que apenas logró registrar una variación positiva del 0,2%. Las cadenas ganaderas y comerciales de este distrito sufrieron el impacto de precios relativos desfavorables que neutralizaron las mejoras obtenidas en otras áreas de servicios.
Coronel Suárez: El epicentro de la crisis industrial bonaerense
El dato más alarmante del informe de la Universidad Nacional de La Plata se localiza en Coronel Suárez. Mientras 120 de los 135 municipios bonaerenses lograron cerrar el año con signos de recuperación, Coronel Suárez sufrió una severa contracción económica del 5,2% en su valor agregado. Esta cifra no solo lo ubica como el peor desempeño porcentual de toda la provincia de Buenos Aires, sino que también lo transforma en uno de los distritos que más aportó de forma negativa al resultado económico general del territorio.
La explicación científica de este retroceso es puramente sectorial. Coronel Suárez posee una fuerte dependencia histórica de la industria manufacturera, un segmento afectado de lleno a nivel nacional por la apertura de importaciones, el encarecimiento de los costos de producción y el deterioro sostenido del consumo interno. El director del laboratorio de la UNLP, Agustín Lódola, advirtió que el impacto se concentró severamente en las cadenas locales de cueros, marroquinería y, fundamentalmente, la fabricación de calzado al cerrar la empresa DASS. Al no poder compensar las pérdidas fabriles con el sector de servicios o el agro —que también sufrió fluctuaciones en la soja—, el municipio quedó expuesto como la principal víctima de la asimetría productiva que define a la economía actual.
El balance que deja el informe de 2025 expone con crudeza que los distritos del interior de la provincia orientados al comercio, los servicios y el turismo logran surfear con éxito la coyuntura y expandirse con rapidez. En contraste, aquellas ciudades que basan su empleo y su riqueza en agregar valor a través de las fábricas y las manufacturas tradicionales continúan pagando el precio más alto de la reconfiguración macroeconómica.




