Un día como hoy se apagó la vida de la madre de la física moderna, Marie Curie
A 92 años del fallecimiento de la científica indomable que cambió el destino de la humanidad
El 4 de julio de 1934, en Passy, Francia, moría una de las mujeres más importantes del siglo XX. Ese día se apagaba la vida de Maria Salomea Skłodowska-Curie, conocida mundialmente como Marie Curie, la primera persona en la historia en ganar dos premios Nobel en distintas disciplinas. Su fallecimiento, víctima de una anemia aplásica causada por la extrema radiación a la que estuvo expuesta en sus investigaciones, marcó el fin de una era, pero consolidó un legado eterno.
De la clandestinidad en Varsovia a las aulas de la Sorbona
Nacida en 1867 en Varsovia —en ese entonces bajo el dominio del Zarato de Polonia, Imperio Ruso—, Marie creció en el seno de una familia de intelectuales, hija del médico y matemático Wladyslaw Sklodowski y de la pianista Bronislawa Boguska. Su infancia estuvo marcada por la tragedia: la prematura muerte de su hermana a causa del tifus y la de su madre por tuberculosis golpearon duramente a la joven Marie, provocando que perdiera su fe católica y despertando en ella un profundo interés por la ciencia y la medicina.
En una Polonia reprimida por el régimen ruso, que imponía su idioma y costumbres, Marie debió educarse de forma clandestina. Su hambre de conocimiento la llevó finalmente a París para ingresar en la Universidad de la Sorbona. El camino no fue fácil: debió esforzarse al máximo para dominar el francés y ponerse al día en matemáticas y física. Su brillantez no tardó en relucir, obteniendo con honores las licenciaturas en ambas materias.
El amor, las bicicletas y una revolución atómica
En las aulas de la Sorbona conoció al físico Pierre Curie, quien se convertiría en su esposo, compañero de vida y coequiper científico. Tras una boda sencilla, la pareja emprendió un viaje de bodas en bicicleta por toda Francia. De esa unión nacieron sus dos hijas: Irène y Ève Denise.
En 1896, tras el descubrimiento de los Rayos X y la radiación natural, Marie decidió enfocar su doctorado en estas materias. Junto a Pierre, transformó la forma de entender la materia y la energía:
- Acuñó el término "radiactividad" y descubrió dos nuevos elementos de la tabla periódica: el polonio (nombrado así en honor a su patria) y el radio.
- Premio Nobel de Física (1903): Concedido junto a su esposo Pierre y Henri Becquerel por sus avances en el campo de la radiación, convirtiéndose en la primera mujer en recibir este galardón.
La tragedia volvió a golpearla en 1906, cuando Pierre murió trágicamente atropellado por un carruaje. Lejos de rendirse, Marie continuó las investigaciones en solitario y asumió las cátedras de su esposo en la Sorbona, siendo la primera mujer en ocupar una cátedra en dicha institución. En 1910 logró aislar el radio y el polonio en estado puro. Este hito le valió el Premio Nobel de Química en 1911. Fiel a su ética altruista, Marie nunca patentó el método de obtención y lo donó generosamente a la comunidad científica.
Heroína de guerra y ciudadana del mundo
Durante la Primera Guerra Mundial, el compromiso de Curie trascendió el laboratorio. Viendo la necesidad médica en el frente, creó los "Petits Curie" (pequeños Curie), unos vehículos equipados con unidades móviles de rayos X. Junto a su hija mayor, Irène, recorrió los campos de batalla apoyando a los hospitales de campaña y salvando miles de vidas al permitir diagnosticar fracturas y localizar balas con precisión.
Al finalizar el conflicto bélico, Marie se convirtió en una celebridad mundial. Recorrió el planeta buscando fondos para su fundación científica, un objetivo que lograba con creces gracias a la profunda admiración que despertaba.
El triste final y un legado inmortal
La misma fuerza de la naturaleza que Marie Curie descubrió terminó por consumir su salud. En una época donde no se conocían los riesgos de la exposición prolongada a los elementos radiactivos, Marie manipulaba los tubos de ensayo sin protección. Hacia 1934, quedó ciega y debilitada, falleciendo el 4 de julio de ese mismo año.
Fue enterrada inicialmente junto a Pierre en el cementerio de Sceaux. El destino familiar con la ciencia continuó al año siguiente, en 1935, cuando su hija Irène Joliot-Curie obtuvo también el Premio Nobel de Química.
Sesenta años más tarde, en 1995, el gobierno de Francia rindió el máximo tributo a su memoria trasladando los restos de Marie y Pierre Curie al Panteón de París, reconociéndola formalmente entre las mentes más brillantes de la historia humana.
“No se puede esperar construir un mundo mejor sin mejorar a los individuos. Para ello, cada cual debe esforserse por ser mejor persona y, al mismo tiempo, compartir una responsabilidad general para con la humanidad en su conjunto”.
— Marie Curie
Esta reflexión sintetiza la ética de una pionera que no solo fundó la ciencia de la radiactividad y revolucionó el tratamiento del cáncer mediante la radioterapia, sino que además transformó para siempre el papel de la mujer en la ciencia, dejando una huella imborrable que hoy, a más de nueve décadas de su partida, sigue guiando a la humanidad.




