Radiografía económica bonaerense: una década de estancamiento estructural y reconfiguración regional
Un exhaustivo informe de la Universidad Nacional de La Plata revela cómo el agro dinámico, la logística y los servicios urbanos sostienen el mapa productivo frente al retroceso de la industria tradicional y la cadena láctea en el interior y el Conurbano
La economía de la provincia de Buenos Aires atraviesa un profundo proceso de transformación geográfica y estructural, marcado por asimetrías regionales y un freno generalizado. De acuerdo con el Laboratorio de Desarrollo Sectorial y Territorial de la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP), el Valor Agregado Bruto total de las cadenas productivas provinciales exhibe un comportamiento de estancamiento estructural en el periodo 2016-2025.
A pesar de los vaivenes del ciclo económico —con caídas hasta 2020, una recuperación posterior entre 2020 y 2022, nuevos retrocesos en 2023 y 2024, y un rebote del dos coma seis por ciento en 2025— la actividad económica real cerró la última década en niveles similares a los de 2016.
El estudio, coordinado por Agustín Lodola y Diego Pitetti, abarca 63 cadenas productivas que representan el 88% del Producto Interno Bruto provincial. Los datos fueron ajustados para aislar el efecto de la inflación y medir variaciones físicas reales. Los hallazgos confirman que el sustento de la economía bonaerense se ha desplazado hacia el sector servicios y los eslabones agropecuarios no tradicionales, mientras que el entramado industrial tradicional y el sector lácteo sufren una severa erosión.

Los motores y los frenos del mapa productivo provincial
A lo largo de la década analizada, el modesto dinamismo de la provincia estuvo liderado por el sector de transporte y logística, secundado de forma contundente por las cadenas agrícolas de trigo y girasol.
El crecimiento se ha articulado principalmente sobre tres grandes ejes sectoriales:
- El avance de servicios de alto valor agregado como la informática, el software, la salud y el turismo.
- La notable recomposición de la agricultura de cereales y oleaginosas alternativas frente a la pérdida de terreno de la cadena de la soja.
- La expansión de la cadena del maní, consolidada como la de mayor crecimiento porcentual en el noroeste de la provincia.
Otras cadenas ganaderas como la bovina, porcina y avícola, junto al comercio y la construcción, también arrojaron saldos con incidencia positiva en la variación del valor agregado provincial.
En la vereda opuesta, el podio de las contracciones sectoriales está ocupado de forma inequívoca por las cadenas sojera, láctea y de bienes de capital. La caída de la cadena de la soja se erige como el factor contractivo de mayor impacto de los últimos diez años, duplicando en magnitud al segundo sector de la lista.
Por su parte, la cadena láctea anotó la mayor caída porcentual de todo el relevamiento, lo que certifica una crisis estructural profunda en las cuencas lecheras bonaerenses antes que un fenómeno meramente coyuntural. A este retroceso se suman la desindustrialización de sectores tradicionales como la industria automotriz y de autopartes, la siderurgia, la industria textil del algodón, el caucho, el plástico, y la fabricación de químicos de consumo y aparatos de uso doméstico.
Las cuatro trayectorias del territorio bonaerense
La investigación del Laboratorio de la UNLP clasifica a los ciento treinta y cinco distritos bonaerenses en cuatro grandes tipologías geográficas según su desempeño a corto plazo (2025) y su evolución estructural de largo plazo (2016-2025):
- El grupo de los distritos Líderes está integrado por 39 municipios que logran expandirse en ambos horizontes temporales, aportando el 14,3% del Valor Agregado Bruto provincial. El perfil de este cuadrante combina servicios urbanos dinámicos, construcción, turismo costero y un sector agroexportador de punta. Destacan en esta clasificación municipios como Carlos Tejedor, Rivadavia y General Pinto debido al auge del maní; General Villegas y General Arenales por su perfil triguero; y enclaves turísticos como Monte Hermoso, Tornquist, Coronel Rosales, Pinamar, La Costa y Villa Gesell. Distritos populosos como Berazategui y Moreno ingresan a esta categoría impulsados por la construcción, mientras que Esteban Echeverría lo hace apuntalado por la cadena bovina.
- Los municipios Emergentes, que abarcan 29 distritos y representan el 17,8% del valor de la producción, se caracterizan por el fenómeno del rebote sin acumulación. Son economías locales que registraron excelentes tasas de crecimiento durante 2025, pero arrastran una tendencia decenal deficitaria porque no logran sanar los daños de las crisis previas. En este segmento, dinamizado por el comercio y los servicios financieros, impactan actividades de alta volatilidad cíclica como los hidrocarburos y la pesca. El principal exponente es General Pueyrredón, que exhibió un salto del 5,2% en 2025 de la mano de la actividad pesquera, pero sin consolidar un norte de largo plazo. Un comportamiento análogo se observa en Tandil, con un alza a corto plazo del 3,2% que contrasta con una tasa decenal negativa del 0,33%. Completan este grupo distritos como Guaminí, Coronel Dorrego, Coronel Pringles, Patagones, Puan y Saavedra.
- Por otra parte, el pelotón de municipios Maduros reúne a 29 localidades que ostentan una trayectoria de largo plazo sólida, pero experimentaron una marcada desaceleración en el último año debido a su alta exposición a la caída sojera. En este bloque conviven distritos estables de la segunda corona del Conurbano como Tigre, Pilar y Escobar con municipios de base productiva diversificada del interior como Bragado, Pergamino, Saladillo, Ramallo, Zárate, Baradero y Roque Pérez.
- Finalmente, la categoría de distritos Rezagados constituye la mayor luz de alarma del entramado productivo provincial. Este grupo nuclea a 38 municipios que padecen bajos índices de crecimiento tanto en el corto como en el largo plazo y, de manera preocupante, concentran el 52,2% del Valor Agregado Bruto provincial. La fisonomía de este cuadrante está definida por grandes urbes de la primera corona del Conurbano (tales como La Matanza, Avellaneda, Almirante Brown, Lomas de Zamora, Quilmes, Lanús, San Martín, Morón y San Isidro) junto a nodos del interior como Bahía Blanca, Coronel Suárez, Villarino, Tres Arroyos, Olavarría, Azul y San Nicolás. En todas estas jurisdicciones se evidencia una pérdida sistemática del peso manufacturero tradicional, subsistiendo gracias a la inercia de los servicios urbanos, el comercio y la intermediación financiera.
El Conurbano define el rumbo; el interior vive los extremos
Los aspectos metodológicos de la investigación advierten que el análisis de cadenas productivas se diferencia de la medición tradicional del Producto Bruto Interno al excluir por completo las partidas de la administración pública y los alquileres imputados. El cálculo se basa estrictamente en las estadísticas de empleo asalariado formal y los censos y estimaciones agrícolas nacionales.
La principal conclusión de este balance sectorial subraya que el comercio y los servicios financieros motorizan actualmente los cuatro cuadrantes territoriales. Esto desnuda que el pulso económico de la provincia de Buenos Aires depende hoy en mayor medida de la salud de sus servicios urbanos que del empuje genuino de sus fábricas o campos.
Las asimetrías geográficas determinan que el interior de la provincia experimente las tasas más extremas y volátiles en ambos sentidos del indicador. La ganadería o el cultivo de especialidades disparan el crecimiento en ciertas comunas, mientras que la crisis lechera y el retroceso de la soja lo hunden en otras.
Sin embargo, por volumen y densidad económica, el Conurbano bonaerense continúa rigiendo de forma unánime el destino del agregado provincial. Esta macrorregión hoy se muestra partida en dos velocidades bien definidas: una segunda y tercera corona periférica en fase de expansión logística y constructiva, frente a un primer cordón industrial histórico sumido en un persistente proceso de erosión de su base productiva tradicional.
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