¿El Niño puede provocar un desastre como en la película "El día después de mañana"? Qué dice la ciencia
Especialistas analizaron la aparición simultánea de tres ciclones en el Pacífico y el impacto del calentamiento oceánico. Aunque descartan un apocalipsis repentino como el de Hollywood, advierten sobre las consecuencias reales en el clima y la producción.
La película El día después de mañana (2004), dirigida por Roland Emmerich, inmortalizó en la cultura popular un escenario desolador: tornados devastando Los Ángeles, la ciudad de Nueva York inundada por olas gigantescas y buena parte del hemisferio norte congelado bajo una masa helada. Durante mucho tiempo, la audiencia tomó esta narrativa como una exageración cinematográfica. Sin embargo, la comunidad científica ha dedicado investigaciones a analizar qué tan cerca o lejos está la Tierra de un fenómeno de semejante magnitud.
El debate cobró nueva fuerza a partir de una imagen satelital sobre el océano Pacífico que mostró a tres grandes sistemas tropicales actuando en simultáneo: Lowell, Karina y Marie. El meteorólogo sénior de MyRadar, Matthew Cappucci, comparó la escena con las imágenes del film de catástrofes. Según explicó el especialista, lo destacable de aquel episodio no fue únicamente la coincidencia temporal de las tormentas, sino la elevada intensidad que alcanzaron al mismo tiempo.

La hipótesis del colapso oceánico y sus tiempos reales
Para medir la factibilidad de una gran helada planetaria, el investigador Sybren Drijfhout, de la Universidad de Southampton, estudió mediante modelos climáticos qué ocurriría si se produjera la parálisis brusca de la Circulación Meridional de Retorno del Atlántico (AMOC), el mecanismo que en la película actúa como detonante de la catástrofe.
En su estudio, publicado en Scientific Reports, Drijfhout descubrió que si este sistema de corrientes colapsara, las regiones adyacentes al Atlántico Norte experimentarían un descenso térmico capaz de contrarrestar de forma temporal parte del calentamiento global. Este efecto duraría entre 15 y 20 años antes de que la tendencia del calentamiento vuelva a imponerse.
La diferencia crucial respecto del cine reside en la velocidad. El planeta no se congelaría en cuestión de días u horas, sino a lo largo de un proceso de décadas. Asimismo, el enfriamiento no tendría un impacto uniforme en todo el globo, sino que afectaría fundamentalmente a la región del Atlántico Norte, mientras que en otras latitudes las temperaturas seguirían la dinámica habitual del calentamiento global.
El Niño no es un colapso de la AMOC
Los expertos remarcan que el fenómeno de El Niño (ENOS) no debe confundirse con una parálisis de la AMOC. Se trata de dos procesos independientes. El Niño se origina cuando las aguas superficiales del Pacífico ecuatorial central y oriental registran temperaturas superiores a las habituales, modificando los patrones de circulación de la atmósfera a miles de kilómetros de distancia.
Las elevadas temperaturas de la superficie marina aportan energía a los sistemas ciclónicos y favorecen su intensificación. Datos del servicio europeo Copernicus indican que la superficie marina global alcanzó un promedio histórico de 21,1 °C. Dado que El Niño aún no ha alcanzado su punto máximo de desarrollo, los científicos no descartan que esta marca vuelva a batirse.

En cuanto a la posibilidad de que esta acumulación de energía genere "hiperhuracanes" de proporciones cinematográficas, Cappucci aclaró que las condiciones necesarias sobrepasan lo que el sistema climático actual puede producir de manera natural. Para que se desarrolle una tormenta de esa magnitud, la temperatura del mar tendría que situarse cerca de los 50 °C, un valor lejano a los 26 °C necesarios para un huracán habitual. Alcanzar dicho extremo requeriría un evento extraordinario y ajeno al clima cotidiano, como el impacto de un asteroide.
Impactos concretos en la agricultura y el ecosistema
Aunque la ciencia descarta el apocalipsis vertiginoso mostrado en la pantalla grande, los efectos reales de El Niño son severos y tangibles. La alteración de las precipitaciones globales favorece la aparición de períodos extremos de sequía o inundaciones que impactan directamente sobre la producción agrícola, la reserva de agua potable y los ecosistemas.
Tal como analizamos en SudOeste B.A. en relación con las alertas de los científicos sobre la llegada de un Súper Niño y sus repercusiones en Argentina, la interacción entre el calentamiento del Pacífico y la atmósfera modifica los patrones de humedad y precipitación en todo el Cono Sur. Además, la extensión del fenómeno hasta el otoño de 2027 exige un seguimiento continuo del comportamiento de las cuencas hídricas y de la infraestructura productiva.
Estas dinámicas globales repercuten de manera directa en el ámbito local. Tras episodios de marcada variabilidad hídrica en los suelos bonaerenses, nuestros informes sobre el estado del clima y los cultivos en el sudoeste bonaerense señalan que el verdadero desafío para los productores no es un congelamiento repentino, sino la adaptación constante frente a la alternancia de lluvias intensas y ventanas de sequía.
La distancia entre el cine de catástrofes y la realidad no reside en la gravedad de los eventos, sino en la escala temporal y la forma progresiva en que el cambio climático transforma las condiciones de vida en el planeta.



