Bahía Blanca, capital de la urea: proyectan convertir a la ciudad en el mayor polo de fertilizantes de Sudamérica
Un reciente estudio económico de la Bolsa de Cereales y Productos de Bahía Blanca destaca que los megaproyectos en marcha y la conectividad energética con Vaca Muerta permitirán abastecer la demanda interna, ahorrar divisas y generar un importante saldo exportable para la región.
El más reciente informe elaborado por el departamento de Estudios Económicos de la Bolsa de Cereales y Productos de Bahía Blanca (BCP), titulado Bahía Blanca. Capital de la urea, advierte sobre el impacto de las tensiones geopolíticas internacionales en la economía agrícola. Los enfrentamientos en Medio Oriente entre Irán, Estados Unidos e Israel alteraron rutas clave para el comercio de petróleo, gas natural y fertilizantes, elevando los costos de los insumos de cara a la campaña agropecuaria 2026/27. Frente a este escenario de incertidumbre en los mercados globales, la capacidad de producción de urea en Sudamérica se volvió prioritaria para evaluar la autonomía de la región.
La urea se mantiene como el fertilizante nitrogenado más comercializado y utilizado en la agricultura mundial, pero la infraestructura de producción en América del Sur se encuentra distribuida en pocos países. Venezuela dispone de tres complejos petroquímicos situados en Carabobo, Zulia y Anzoátegui que totalizan casi 3 millones de toneladas de capacidad anual, aunque su nivel de producción real se halla considerablemente por debajo de esa marca. En Brasil, las plantas FAFEN-BA, FAFEN-SE y Araucaria Nitrogenados generan en conjunto 1,8 millones de toneladas al año. Por su parte, Bolivia cuenta en Bulo Bulo con la Planta de Amoníaco y Urea de YPFB, cuya capacidad alcanza las 693.500 toneladas anuales orientadas principalmente a la exportación hacia la Argentina, Paraguay, Perú y Chile.
En la Argentina, la actividad industrial del sector se concentra en el complejo de Profertil, ubicado en la localidad bonaerense de Ingeniero White, dentro del partido de Bahía Blanca, con una capacidad instalada de 1,32 millones de toneladas anuales. Actualmente, la producción nacional abastece casi en su totalidad al mercado interno, sin llegar a posicionar al país como un centro de exportación a nivel continental. No obstante, la estratégica ubicación del puerto bahiense y su desarrollo logístico abren un nuevo horizonte industrial, tema que este portal analizó previamente al detallar las metas del Plan Quinquenal del Puerto de Bahía Blanca.

Proyectos de inversión y salto de escala
Las proyecciones hacia finales de la década plantean una transformación estructural para el abastecimiento de fertilizantes. Mientras Brasil prevé reactivar la planta paralizada de Três Lagoas para incorporar 1,3 millones de toneladas anuales, la Argentina avanza con proyectos de gran volumen impulsados por incentivos fiscales.
En el ámbito local se aprobó, en el marco del Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI), la iniciativa Fertil Pampa de Pampa Energía, que involucra un desembolso de USD 2.700 millones para instalar una planta que elaborará 2,1 millones de toneladas anuales en Bahía Blanca para fines de 2029. Este proyecto representará un salto de escala para el tejido productivo regional, tal como reseñamos en SudOeste B.A. en la nota sobre los avances de Pampa Energía para producir fertilizantes en Bahía Blanca.
A este desarrollo se suma la ampliación planificada por Profertil, orientada a duplicar su capacidad actual hasta alcanzar 2,6 millones de toneladas anuales. En caso de concretarse ambas iniciativas, la capacidad conjunta de producción en la Argentina treparía a aproximadamente 4,7 millones de toneladas anuales de fertilizante nitrogenado. Con esta cifra, el país pasaría a encabezar la capacidad productiva de Sudamérica, superando a los tradicionales actores de la región. Para sostener este volumen de carga, la ciudad fortalece sus conexiones de transporte, como se informó al tratar las obras de infraestructura vial en los accesos al Puerto de Bahía Blanca.
Sustitución de importaciones y saldo exportable
El análisis del BCP pone en evidencia la histórica dependencia del agro argentino respecto de la urea importada. Entre 2015 y 2025, el consumo promedio nacional fue de 1,8 millones de toneladas anuales, registrando en 2025 el punto más alto desde 2002 con 2,4 millones de toneladas, según datos de la Cámara de la Industria de Fertilizantes y Agroquímicos (CIAFA). Dado que las ventas locales de Profertil promediaron poco más de un millón de toneladas por año en ese mismo periodo, el déficit debió cubrirse con un promedio de 742.000 toneladas importadas por año, volumen que en 2025 alcanzó las 1,3 millones de toneladas.
Las estadísticas del INDEC confirman este sesgo importador: en el decenio 2015-2025 se ingresaron en promedio 857.116 toneladas anuales de urea, lo que significó un desembolso acumulado de divisas cercano a los USD 3.900 millones. Durante 2025 las compras al exterior sumaron 1,5 millones de toneladas, procedentes principalmente de Egipto, Argelia, Rusia, Nigeria y Omán.
Las estimaciones económicas indican que la puesta en marcha de Fertil Pampa permitirá elevar la producción nacional a 3,4 millones de toneladas para 2029. Tomando como referencia el consumo de 2024 (2,3 millones de toneladas), esta capacidad posibilitará un ahorro de USD 507 millones en sustitución de importaciones y generará divisas adicionales por USD 521 millones mediante saldos exportables. Si a esto se añade la expansión de Profertil, el saldo exportable sumaría otras 2,4 millones de toneladas —monto equivalente a todo el consumo argentino—, lo que representaría un ingreso potencial de USD 1.137 millones para el país.
La convergencia del gas no convencional y el puerto
El factor determinante que sostiene estas proyecciones es el insumo básico para la fabricación de urea: el gas natural. Bahía Blanca recibe este fluido directamente de la Cuenca Neuquina (Loma La Lata y Sierra Barrosa) a través de los gasoductos Neuba I y Neuba II.
La combinación entre el suministro de gas no convencional, la ampliación de la capacidad industrial y la salida marítima hacia los mercados regionales coloca al sudoeste bonaerense en una posición estratégica para consolidarse como el nodo de producción y distribución de fertilizantes más importante del cono sur.



