A 66 años del golpe contra Patrice Lumumba: el magnicidio en el Congo que ejecutó la CIA junto a Bélgica
El 14 de septiembre de 1960, el primer líder independiente del país africano fue derrocado tras negarse a entregar los recursos naturales. Su posterior ejecución y desintegración física marcaron uno de los episodios más oscuros de la Guerra Fría.
El 14 de septiembre de 1960, la incipiente democracia de la República Democrática del Congo sufrió un quiebre definitivo. Apenas meses después de haber alcanzado la independencia de Bélgica en junio de ese mismo año, el primer ministro Patrice Lumumba fue derrocado mediante un golpe de Estado articulado por sectores militares locales con la intervención directa de los servicios de inteligencia de Estados Unidos y las autoridades belgas. El motivo central del derrocamiento radicó en la postura de Lumumba de sostener la soberanía económica sobre los vastos yacimientos minerales del territorio congoleño y negarse a subordinar el nuevo Estado a las dinámicas del neocolonialismo.
Recursos estratégicos y la sombra de la Guerra Fría
La figura de Lumumba resultaba incómoda para los intereses de las potencias occidentales. La provincia de Katanga, poseedora de grandes reservas de cobalto, cobre y el uranio empleado en las bombas atómicas de la Segunda Guerra Mundial, declaró su secesión bajo el liderazgo de Moïse Tshombe, figura respaldada por las mineras europeas y sectores belgas.
En Washington, la Agencia Central de Inteligencia (CIA) catalogó al dirigente africano como un objetivo prioritario. El entonces director de la agencia, Allen Dulles, llegó a calificarlo como una amenaza comparable o superior a la de Fidel Castro, señalando expresamente que su remoción constituía una tarea urgente y de alta prioridad para sus operaciones encubiertas.
Captura, magnicidio y profanación
Tras el golpe impulsado por el coronel Joseph-Désiré Mobutu, Lumumba fue puesto bajo arresto domiciliario. En su intento de traslađarse hacia zonas de resistencia leal, fue capturado en enero de 1961 por tropas alineadas al gobierno golpista. Posteriormente fue trasladado a la región separatista de Katanga, donde sufrió torturas sistemáticas antes de ser ejecutado frente a un pelotón de fusilamiento integrado por militares locales y mercenarios belgas.
Con el fin de ocultar el crimen y evitar que su tumba se convirtiera en un punto de referencia política, los perpetradores desmembraron su cuerpo, lo disolvieron en ácido sulfúrico y dispersaron los restos. Durante décadas, el único resto físico recuperado del líder independentista fue un diente de oro sustraído por un oficial belga como trofeo de guerra, el cual fue devuelto a sus familiares tiempo después.
La reacción internacional y el estallido en la ONU
La confirmación del asesinato de Lumumba provocó movilizaciones masivas en diversas partes del mundo. Uno de los hechos de mayor tensión ocurrió en la sede central de la Organización de las Naciones Unidas en Nueva York. Manifestantes irrumpieron en la tribuna del Consejo de Seguridad para denunciar la inacción y la complicidad de la Misión de la ONU en el Congo, lo que desató un enfrentamiento que dejó un saldo de 18 guardias de seguridad heridos.
El magnicidio de Patrice Lumumba clausuró el primer experimento democrático del Congo e inauguró una etapa de inestabilidad y saqueo de sus riquezas primarias. A más de seis décadas del hecho, la memoria del dirigente permanece como un referente central en los debates sobre la soberanía de los pueblos y la injerencia extranjera en el continente africano.



