SUSTENTABILIDAD

Hongos y Cáñamo: cómo funciona el ataúd biodegradable

El qué hacer con nuestro cuerpo cuando partamos de este mundo es, para muchos, un tema tabú. Para otros, no tanto. Pero existe una cuestión universal: tarde o temprano, es inevitable.

Ambiente 16/09/2026 ● Hora: 14:36
Hongos y Cáñamo: cómo funciona el ataúd biodegradable
Hongos y Cáñamo: cómo funciona el ataúd biodegradable

Muchas personas desean ser enterradas después de morir, a veces con el deseo ser abono para su tierra, de volver adonde, de alguna forma, todos vinimos. Otras prefieren ser cremadas o que sus restos descansen en una bóveda familiar. Excepto para la cremación, el resto de las opciones requiere el uso de un ataúd; usualmente hecho de madera, un material que tarda décadas en descomponerse. Por esta razón, la empresa holandesa Loop Biotech desarrolló una alternativa que combina entierro y biodegradación.

La creación fue un ataúd hecho de micelio, la red de filamentos que constituye la estructura vegetativa de los hongos, y de fibras de cáñamo recicladas. ¿Cuántas cosas se pueden hacer con cáñamo? ¿Y con hongos? Hemos oído hablar de construcciones, telas, plásticos, pero este ataúd de nombre Living Cocoon se está robando los titulares. 

La idea es aportar una forma orgánica y respetuosa con el medio ambiente al proceso de descomposición, no solo del cuerpo humano, sino también del ataúd. Después de la muerte, un cuerpo puede tardar desde meses hasta años en descomponerse. El tiempo depende en gran medida de las condiciones en las que se encuentre. 

Los cuerpos en ataúdes de madera tardan entre 10 y 30 años en descomponerse; los que están en ataúdes de cobre o bronce tardan aún más, mientras que los cuerpos enterrados en ataúdes biodegradables como el Living Cocoon pueden tardar un año o dos, mientras que el ataúd se desintegrará en 45 días. El ataúd de madera también se descompone, pero puede tardar entre un lustro y muchas décadas en degradarse por completo.  

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¿Cómo y de qué está hecho este ataúd? Hongos, cáñamo y musgo

"Living Cocoon” significa, en inglés, “capullo viviente”. Aunque puede sonar paradójico que un producto funerario lleve la palabra “viviente” en su nombre, la elección cobra sentido dentro de la filosofía del proyecto liderado por la start-up holandesa. 

© Loop Biotech B.V.

El Living Cocoon está elaborado a mano, logrando que cada ataúd sea verdaderamente único, pudiendo cultivarse en tan solo 7 días, a partir de hongos locales y fibras de cáñamo recicladas. 

“Está hecho de micelio, que es la estructura de los hongos, los mayores recicladores de la naturaleza, por lo que pueden descomponer nuestro cuerpo en nuevos nutrientes para que la naturaleza florezca”, compartió Bob Hendrikx, el fundador de Loop.

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El ataúd de micelio y fibra de cáñamo reciclada es 100% natural, biodegradable, pesa 30 kg, puede soportar hasta 200 kg y tarda 45 días en hacerse uno con la tierra. La empresa sostiene que el material contribuye a enriquecer el suelo, favorecer su biodiversidad y alimentar la tierra directamente. Según la compañía, este sistema busca reducir la contaminación, la deforestación y las emisiones asociadas a ataúdes convencionales.

 

¿Cómo es el interior del ataúd?

Viene en dos colores—blanco o marrón—y por dentro no está precisamente vacío: una suerte de “colchón” y una almohada forrados de suave musgo se ocupan de recibir el cuerpo, aunque además de musgo también se puede elegir lana, algodón orgánico suave o cáñamo como otras opciones que, además, incluyen una manta para tapar el cuerpo. Se trata del sudario Shroud, también 100% natural, biodegradable y que enriquece el suelo. 

Interior del ataúd forrado en cáñamo, con su colchón, su almohada y su manta. / © Loop Biotech B.V.

En su página web, la compañía explica que el ataúd puede utilizarse tanto en entierros naturales como en tradicionales o en cremaciones. Por sus propiedades hidrófobas podría utilizarse incluso en funerales bajo la lluvia. Cuenta con seis manijas integradas de yute que ayudan a cargar el ataúd o llevarlo al hombro, si fuese necesario. Además, el cliente puede elegir decorarlo con diferentes juegos de pinturas biodegradables ofrecidos por la marca. 

Si alguna vez oíste hablar del compost, puede servir como una analogía para entender la lógica detrás de este invento. La idea es que tanto el cuerpo como el ataúd vuelvan gradualmente al suelo y aporten materia orgánica al ecosistema. “Es la forma más natural de hacerlo, donde ya no contaminamos el medio ambiente con los tóxicos de nuestros cuerpos y lo que va dentro del ataúd; intentamos enriquecerlo y ser un compost real para el ecosistema”, comentan sus creadores. 

 

El primer funeral con un ataúd de hongos en Australia

Para Hendrikx, era difícil hacer envíos marítimos, pero ya estaba al tanto del interés que despertó este proyecto en Australia, cuando comenzó cinco años atrás. No es el primer caso de uso del Living Cocoon, su equipo cuenta que en Estados Unidos, en Países Bajos—donde nació la empresa— y en el resto de Europa, ya ha colaborado en muchas despedidas eco-friendly anteriormente. Aun así, la historia de Carolyn, de 70 años, no es para nada menos emocionante. 

Recientemente, Carolyn llegó a los titulares al ser la primera australiana en partir eligiendo el ataúd de micelio de hongos, en el Springwood Cemetery de Blue Mountains, en Nueva Gales del Sur. Su marido, Donald, dijo que la opción fue elegida previamente por su esposa, quien llevaba un estilo de vida y valores propios de quien “devuelve”. 

“Siempre estaba allí para ayudar a los demás. Se siente muy propio de quien ella era el hecho de que, incluso después de su muerte, aún pueda hacer algo por los demás mientras le devuelve algo a la naturaleza”, compartió Donald. 

El interés parece crecer en todo el mundo. Los funerales y las prácticas relacionadas con los mismos cambian constantemente. Esto hace que muchas personas con una relación particular con la naturaleza presten más atención a este tipo de proyectos. 

El concepto de “eco-muerte”, recogido por Hendrikx, abraza la idea de que “tal vez no vas al cielo cuando te mueres, sino que vuelves a la tierra”, dice; y agrega: “Es una narrativa crecientemente popular cuando se habla de muerte y su proceso”. 

Así, el ataúd de hongos se suma a otras prácticas de despedida más “naturales” como la hidrólisis alcalina, un proceso alternativo similar al de la cremación que en vez de fuego utiliza agua, o los entierros poco profundos, donde los cuerpos tardan menos en descomponerse.  

Para algunas personas, esa puede ser la parte más atractiva del Living Cocoon: la idea de que el entierro no tiene que significar preservar el cuerpo de la naturaleza, sino permitir que vuelva a ser parte de ella.

 

(El Planteo)

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