Cáncer de páncreas: científicos del CONICET descubren cómo se comunican las células tumorales para sobrevivir
Un equipo argentino identificó que el tumor pancreático más frecuente activa un sistema de defensa en células vecinas mediante vesículas extracelulares. El hallazgo abre la puerta al diseño de nuevas estrategias terapéuticas.
Investigadores del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) e instituciones académicas nacionales identificaron el mecanismo mediante el cual las células del adenocarcinoma ductal pancreático (ACDP) —el tipo más frecuente de cáncer de páncreas— se comunican entre sí para resistir la falta de oxígeno, la escasez de nutrientes y la acción de la quimioterapia.
El trabajo, publicado en la revista Scientific Reports, aborda una patología de alta agresividad. La expectativa de vida promedio a cinco años alcanza solo al 12% de los pacientes y las proyecciones globales señalan que el ACDP se convertirá en la segunda causa de muerte por cáncer hacia el año 2040. La falta de herramientas de diagnóstico precoz y las limitadas opciones de tratamiento vigentes convierten a esta enfermedad en un desafío crítico de salud pública.
Un tejido que actúa de forma coordinada
Hasta el momento, las células de este tumor solían analizarse de manera individual. Sin embargo, la investigación demuestra que funcionan como un entramado coordinado frente al estrés del entorno.
"Nuestro trabajo contribuye a la comprensión de la biología del microambiente tumoral y a contemplar la resistencia y adaptación de las células tumorales ya no como entidades aisladas, sino más bien como un tejido coordinado", explicó la doctora María Noé García, directora del estudio e investigadora del CONICET en el Instituto de Estudios de la Inmunidad Humoral (IDEHU, CONICET-UBA).
Cuando las células de ACDP enfrentan un contexto de privación nutricional, liberan vesículas extracelulares de tamaño pequeño que llevan en su superficie las proteínas CD63 y CD81. Estas vesículas actúan como emisoras de señales hacia otras células del tumor, induciendo un mecanismo celular de supervivencia conocido como autofagia.
La autofagia permite a las células degradar y reciclar componentes propios para generar energía en situaciones adversas. Al recibir la señal transportada por las vesículas, las células receptoras activan la proteína intracelular FOXO3a, la cual estimula en el núcleo celular los genes encargados de iniciar este proceso de reciclaje defensivo.
La clave del oncogén KRAS
Más del 90% de los casos de cáncer de páncreas se inician a partir de una mutación en el gen KRAS. En las pruebas de laboratorio, los científicos comprobaron un dato central: solo las vesículas liberadas por células con la mutación del oncogén KRAS lograron inducir la autofagia en las células adyacentes. Cuando se utilizaron vesículas de células pancreáticas sin esta alteración genética, la respuesta de defensa no se produjo.
Este hallazgo demuestra que la comunicación de supervivencia entre células depende de la presencia de KRAS, lo que abre una nueva línea de estudio sobre el mantenimiento de este tipo de carcinoma y su posible extensión a otros oncogenes.
Hacia nuevas vías de tratamiento
Aunque la comprensión del proceso representa un avance sustancial, los investigadores remarcan la necesidad de actuar con cautela respecto a las aplicaciones clínicas inmediatas.
Daniel Grasso, primer autor de la investigación e integrante del IDEHU, señaló que la autofagia cumple funciones esenciales para la vida de los tejidos sanos, por lo que su inhibición generalizada podría causar efectos indeseados en el organismo.
Por su parte, la doctora García destacó que la caracterización de este grupo específico de vesículas (CD63 y CD81) permite plantear la modulación de la comunicación intercelular como un blanco terapéutico. Intervenir sobre estas vesículas facilitaría el desarrollo de fármacos más selectivos, reduciendo los posibles efectos adversos en los tratamientos contra este tumor.
El estudio fue desarrollado de manera colaborativa entre investigadores del IDEHU (CONICET-UBA), el Centro Franco-Argentino de Investigación en Cáncer de Páncreas, el Grupo Argentino de Vesículas Extracelulares (GAVE), la Facultad de Farmacia y Bioquímica de la UBA, el Instituto de Investigaciones en Microbiología y Parasitología Médica (IMPaM, CONICET-UBA), la Universidad Nacional de San Martín (UNSAM) y la Unidad de Conocimiento Traslacional Hospitalaria del Hospital de Alta Complejidad del Bicentenario Esteban Echeverría.



