El cuidado de los padres ya pesa tanto como la crianza de los hijos: las claves de un cambio social inédito
Un reciente estudio revela que más del 50% de las personas a cargo de familiares atiende a adultos mayores. El impacto laboral, la brecha de género y la urgencia de cuidar a quienes cuidan.
La dinámica cotidiana de los hogares argentinos atraviesa una transformación demográfica sin precedentes. La histórica centralidad de la crianza de los más chicos hoy convive, a la misma par, con la atención constante hacia padres, madres y suegros que requieren acompañamiento, controles médicos o asistencia diaria.
Un relevamiento elaborado por la Universidad Austral sobre la base de 1.028 encuestados en todo el país confirma que una de cada cinco personas (20,4%) cuida actualmente a algún familiar. Al desglosar a quiénes atiende este grupo, el 55% menciona a madres, padres o suegros, mientras que el 52% se dedica a la crianza de menores de 18 años.
La especialista en psicología Victoria Bein, investigadora del informe, señala que el cuidado de los adultos mayores ya posee una magnitud equivalente a la crianza, proceso coherente con el envejecimiento poblacional y la baja en la natalidad. Además, la investigación destaca que uno de cada ocho cuidadores enfrenta una doble responsabilidad simultánea: atiende a niños y a adultos mayores al mismo tiempo, conformando la denominada “generación sándwich”.
Sobrecarga y brеcha de género
El estudio evidencia una clara marca de género en la distribución de estas responsabilidades. Un 60,6% de las mujeres encuestadas se identifica como la cuidadora principal del hogar, frente al 44,4% de los hombres.
Quienes combinan el trabajo remunerado con la atención a dos generaciones son mayoritariamente mujeres. En este grupo, seis de cada diez manifiestan una sobrecarga intensa y dos tercios afirman no lograr el descanso suficiente. La contención afectiva (88,6%), la compañía (68,6%) y el seguimiento de la salud (57,6%) constituyen las tareas más habituales.
Esta exigencia sostenida repercute en el equilibrio cotidiano. Como hemos analizado previamente en SudOeste B.A. al abordar el poder de los buenos hábitos para preservar la salud mental, contar con pausas reales y redes de contención resulta clave para evitar el agotamiento psíquico y emocional en roles de alta exigencia.
Transición demográfica y autonomía
El escenario adquiere mayor dimensión al observar la evolución poblacional. Marcelo Röhr, director del Centro Hirsch y especialista en la materia, precisa que en la década del '90 existían en Argentina unos 20 niños menores de 14 años por cada adulto de 80 años o más. Hoy esa relación descendió a 6 y las proyecciones indican que continuará reduciéndose hacia un esquema de 3 a 1.
A diferencia del desarrollo infantil, donde la dependencia disminuye con los años, en la vejez el proceso es variable y requiere un acompañamiento dinámico. En ese sentido, cobra relevancia el concepto de "autonomía con apoyos", garantizando que la persona mayor mantenga el control sobre sus decisiones cotidianas con la ayuda técnica o familiar requerida.
Garantizar la calidad de vida en esta etapa involucra múltiples aspectos, entre ellos el abordaje preventivo sobre la alimentación y nutrición en personas adultas mayores. Asimismo, la presión sobre las economías familiares se incrementa en contextos donde los ingresos de los adultos mayores sufren pérdidas relativas, aspecto que se refleja con en esta nota sobre jubilados y pensionados y el alcance de los bonos compensatorios.

Desafíos laborales y políticas públicas
Compatibilizar el trabajo formal con las tareas de cuidado representa otro punto crítico. Si bien el 75% de las personas que cuidan mantiene un empleo remunerado, la posibilidad de acceder a licencias o esquemas flexibles varía drásticamente según la formalidad laboral: alcanza al 53,7% entre trabajadores formales, pero cae al 17,1% en los informales y al 9,5% entre los independientes.
Frente a esta realidad, los especialistas enfatizan que las políticas públicas y las regulaciones laborales deben contemplar licencias por cuidado de padres, flexibilidad horaria y servicios de respiro domiciliarios.
A pesar de las exigencias, el 95,7% de los cuidadores rescata un sentido gratificante en la labor, respaldado en el afecto mutuo y el tiempo compartido. Sin embargo, para que esta red de contención familiar continúe siendo sostenible, resulta indispensable colocar en el centro de la agenda la premisa de cuidar a quien cuida.
SudOeste B.A. con información de Clarín



